Fui mamá y me quedé sin amigos

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Estoy absolutamente segura que todas lo hemos pensado o sentido alguna vez, “fui mamá y me quedé sin amigos”, no importa qué tanta vida social hayamos tenido antes del embarazo, ni cuan acompañadas estuvimos en la supuesta “dulce espera”, no, indefectiblemente todas nos hemos sentido solas, nuestros amigos y amigas, esos mismos que llenaron la clínica o la casa los primeros días de nacido nuestro bebé se esfumaron como por arte de magia de nuestras vidas, no sólo no han venido a visitarnos, tampoco han llamado ni siquiera escrito por whatsapp, como si se los hubiera tragado la tierra…

Me paseo en soledad por la habitación intentando hacer dormir a mi bebé de pocos días de nacido, no sé bien lo que hago ni porque no duerme, sólo sé que me haría bien conversar con alguien más, que esas amigas de tantos carretes vinieran a verme, que las que casi fueron mis hermanas vinieran a aprender conmigo… Pero no, nadie llama, nadie llega… Estoy sola y me ha dado por pensar que quizás soy yo el problema, me salí del mundo “real” y me vine al mundo puerperal, cómo voy a ir yo a molestar, a pedir consejo o simplemente apoyo… No, no quiero molestar… Cierro los ojos y lloro, ¿dónde quedó mi vida de antes, mis amistades, los momentos vividos, ese cariño incondicional, acaso todo desaparece al llegar la maternidad?

Fui la primera en embarazarme (y aún lo soy) de mis amigas profesionales, mis días de eterna compañía y largas conversaciones se cambiaron por pañales, pecho, hacer dormir y aprender a bañar, vestir, limpiar el ombligo y ordenar, con ninguna amiga madre era de entender que ellas no sabrían cómo ayudar, de hecho nadie sabía qué regalar en mi baby shower, tuve que mandar una lista porque lo mismo era una mamadera que pañales o un andador… Llego el gran día y mi hijo nació, las más cercanas llegaron a vernos, de ahí en más la soledad se hizo inminente, ya no tenía tiempo ni ganas de tomar el celular, menos de llamar, pero esperaba sí con el paso de los días una visita salvadora de esas que tanto amaba… Pasaban los días y nada, yo sumergida en el no tiempo de la maternidad no me atrevía a pedir visitas y pocas ganas tenía de salir, era invierno y no quiera sacar a mi bebé, lo mismo daba si era día de semana o fin de semana, para mí era una consecución de días iguales, uno tras otros, rutinas, días grises, frío, soledad… No hay llamadas… Nadie toca a la puerta… Profunda soledad… Y mi hijo hermoso que me llenaba de un amor desconocido e incondicional, instinto maternal dirán, y yo miraba por la ventana a la mujer que fui pasar, marcharse para no regresar, y con ella se iban también los demás, Marcela, Fabiola, Felipe, Miguel, Andrea, Gabriel, Macarena y José… Amigos entrañables que tanto amé y que desde que me convertí en madre pareciera ser creyeron que me encerré en un mundo donde nunca intentaron entrar…

Los lloré, me lloré, nos lloré,entonces un día una amiga del colegio de esas que poco veía pero que siempre estuvo me preguntó si me podía ir a ver, traté de disimular mi profunda felicidad y ansiedad… Llegó a casa y se puso a cocinar, una sopa reponedora de esas que te recuerdan a la abuelita, luego de darme de comer, me mandó a dormir, se sentó en la cama con mi bebé y me dijo duerme yo estaré acá para que no se vaya a caer, me dormí de costado junto a mi hijo y ella velando nuestros sueños se quedó ahí sentada… Nunca se lo dije pero hoy se lo quiero gritar, me salvaste Karen, estuviste ahí cuando más lo necesité, no, no era madre Karen y aún no lo es, pero fue la primera en mudar a mi bebé incluso antes que su padre, también fue con ella que le dimos su primer baño…  No fueron muchos los días, pero cada vez que aparecía era un ángel caído del cielo que me devolvía a la vida… Lo fue antes y después, lo fue cuando lo necesité…

Pero no fue así con todos, hubo a varios que llamé y jamás llegaron, ya han pasado tres años y un poco más, y aún no llegan, pareciera ser que creen que la maternidad es una enfermedad que se puede contagiar, o quizás creerán que porque soy madre me volví tonta, fome, aburrida o sin interés, nunca me llamaste ni me dijiste lo que te pasaba me recriminó uno, yo no te quería molestar, tú eras quien tenía que llamar, venir, ayudar, yo no tenía cerebro para nada más… ¿Nos quedamos solas al convertirnos en madres? Sí, pero también es porque nosotras nos aislamos un poco, y es que cambian las prioridades y las necesidades, no podemos entender ahora como pasan tanto tiempo discutiendo de política cuando yo solo quiero que mi hijo haga caquita sin llorar… Y ellos no entenderán por qué ya no queremos hablar sobre actualidad si la caca se hace así, simplemente como algo natural…

Se alza una muralla infranqueable y así sin más nosotros los de entonces ya no somos los mismos, algunos pocos se quedarán, muchos otros regresaran cuando empiece a caminar y la gran mayoría simplemente se irá… ¿Por qué se van? Porque no todos los amigos son para toda la vida y todos los momentos, porque hay un tiempo y una etapa para todo, porque ellos quizás también se sentirán dolidos y dejados de lado ahora que eres mamá, porque la sociedad nos ha educado a criar en soledad, y porque nosotras las súper woman no sabemos pedir ayuda de verdad, y ellos los súper profesionales no se les ocurre preguntar, nos quedamos sin amigos porque no nos sabemos comunicar, no es preciso ser padres para acompañar, solo basta con estar, no es preciso fingir ante los amigos que llevamos muy bien esto de ser mamá, pedir ayuda y llorar quizás es una buena forma para que los que te aman te lleguen a rescatar.

Creo que la fórmula secreta es decir lo que uno siente siempre y en cada momento sin atacar, no tiene sentido llorar en soledad y con resentimiento la pérdida de la amistad, tenemos que decirles que los necesitamos ahora de verdad, y que se queden los que se quieran quedar, si tienes pareja quizás sea el padre quien los pueda llamar, sino con mayor razón hazlo tú misma, no tengas miedo a fallar que nadie te dará un premio por lograr sobrellevar la soledad llorando a escondidas, reconozcamos también que queremos silencio, que nos visiten a horas aconsejables, que pregunten antes de ir, que no esperen verme con algo que no sea pijama, que nos lleven comida rica y se preparen para hablar bajito, que por favor nunca critiquen lo que hacemos, y que no esperen ser atendidos porque en este caso daríamos nuestro castillo por alguien que nos preparará un buen pueré o nos limpiar la casa…

Nos quedamos sin a muchos amigos pero también haremos muchos nuevos, la vida cambia y los temas cambian, habrán quienes estarán ahí siempre y otros que serán parte del recuerdo, es la ley de la vida creo, las relaciones tienen su tiempo, pero creo que lo más importante es darle la oportunidad a ellos esos amigos que ya no están que sepan que los necesitamos de verdad, y darnos a nosotras la oportunidad de decir lo que sentimos nada más, no importa tanto si se quedan o se van, sino más bien que podamos despedirnos sin rencores ni resentimiento…. Nos cambia la maternidad y esos que tanto amamos antes hoy no nos reconocen quizás, tal como yo no reconozco ya a muchos de ellos que me muestran una vida que ya no podría volver a retomar.

Para todas esas que se sientan en soledad sin amigos de verdad un abrazo y como siempre mucha luz para disfrutar y vivir la maternidad con lo luminoso y lo oscuro de ella.

 

Tara

 

 

 

 

 

Acerca del autor

Mujer, madre, escritora y periodista. Enamorada de la vida y de un principito de rizos dorados. Amante de los libros, Valparaíso y el buen vino. Activista eterna por los derechos de las mujeres y los niños. No me gustan los extremismos, aceptar al otro como legítimo otro es mi lema de vida, ayudarnos a ser conscientes y relacionarnos con amor es mi misión. Autora del libro ¿Cómo construimos lo que somos? Memorias y olvidos de los italianos en Valparaíso. Expositora en Congresos y simposios sobre migraciones y reconstrucción de historias de vida/biografías. @jbruna jenny@mamadre.cl