“No le hagas a los niños lo que no quieres que te hagan a ti” entrevista a Felipe Lecannelier

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julio 2015 | Fuente:  |

“Gran parte de la influencia que los padres ejercen sobre los niños, no tiene tanto que ver con lo que se dice y enseña, sino más bien con lo que uno hace, muestra y expresa”

Hoy queremos hablar de un tema profundo que nos impacta como padres y como sociedad: nuestros niños y su salud mental.

Para introducirnos en el tema, comenzaremos hablando de algo muy importante que es el apego, esa relación íntima que establece el bebé hacia su madre, padre o principales cuidadores y que es determinante para su futuro.

El sistema de apego o de regulación del estrés desarrollado por el bebé está determinado por el sistema de cuidado que entregan los padres. Es decir, si un bebe recibe un cuidado respetuoso, tendrá un sistema de apego seguro, donde sus padres serán capaces de regular y calmar su estrés y el bebe desarrollará una seguridad emocional que lo acompañará el resto de su vida.

El apego es un proceso que se va formando en cada momento en que el bebe siente o expresa algún malestar y es el modo cómo los padres calman ese malestar lo que definirá el tipo de apego que ese bebe desarrollará.

Cada vez que un niño llora, grita, se queja o muestra algún tipo de necesidad de ayuda, está activando este sistema de regulación de estrés o sistema de apego. La calidad de la respuesta de los padres frente a ese estrés es lo que determinará la confianza, autoestima, seguridad, autonomía y efectividad con que sus hijos se enfrentarán al mundo.

Por tanto, se puede decir que esta seguridad en el apego, es un especie de cheque a fecha o vacuna emocional ya que les permite a los hijos estar más preparados para enfrentar el estrés en el futuro.

Seguiremos profundizando este tema con el Psicólogo clínico, experto en apego infantil, Felipe Lecannelier, quién además es Director académico del Centro de Apego & Regulación Emocional (CARE) y Director del Diplomado en Apego y Salud Mental Infantil de la UDD.

 

Felipe, hace un año atrás asistimos a una conferencia donde hablabas de un estudio que muestra a nuestro país con los más altos índices de problemas en salud mental en niños de 1 a 5 años, ¿qué nos puedes contar acerca de esa investigación?

Fueron dos estudios multiculturales: el primero involucró a 24 equipos de investigación de 24 países, donde todos usamos el mismo instrumento para medir toda una amplia gama de dificultades de salud mental (Déficit Atencional, Agresividad, Depresión, Ansiedad, Problemas de Sueño, y otros), reportados por los padres. La sorpresa fue que Chile apareció con la más alta prevalencia en la suma de estos problemas (y en la mayoría de las dificultades específicas). Fue un resultado que nos tomó con sorpresa, y existen varias explicaciones al respecto, pero de todos modos, pone una voz de alerta sobre el estado actual del bienestar de los niños pequeños, en nuestro país.

El segundo estudio, lo realizamos con otra muestra y en otro momento del tiempo, pero esta vez los niños fueron evaluados en el contexto de jardines infantiles (16 países participaron). Los resultados mostraron que Chile nuevamente aparece con indicadores de alto riesgo, siendo el 5to país con mayor prevalencia de dificultades de salud mental (antecedidos por países como Rumania, Lituania, Kosovo..).

Ambos estudios han sido considerados de los mas grandes a nivel multicultural, y la exigencia metodológica fue muy alta.

Creo que la lección de esas investigaciones es que las verdaderas políticas publicas, programas de intervención, sistemas de protección, etc., deben tener realmente en mente, la mente y bienestar de los niños, y eso es una tarea que implica un cambio de conciencia del cuál todavía estamos lejos (incluso en los expertos y tomadores de decisión sobre la infancia en Chile!).

www.crecerfeliz.es

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– También planteabas que hicieron una investigación que señalaba que el tiempo de calidad que pasan padres e hijos en Chile es de 15 a 30 minutos diarios. Luego este estudio arrojó los mismos resultados en Estados Unidos. ¿Qué conclusiones puedes sacar de estos resultados?

Si, ahora ya han salido más y mejores estudios que han confirmado que el tema de la falta de tiempo que los padres pasan con sus hijos es algo preocupante. En general, se ha demostrado que los papás que trabajan, no pasan más de 30-50 minutos al día con sus hijos (ni siquiera considerando tiempo de calidad). Las madres pasan entre 2-3 horas.

En estos estudios, hay dos datos a resaltar: 1) que a pesar de lo que la gente piensa, no difieren tanto los tiempos entre la semana y el fin de semana; 2) aunque los papás pasan muy poco tiempo solos con sus hijos, el tiempo aumenta cuando la madre está involucrada. Es decir, si un papá pasa en promedio 30-50 minutos al día, cuando la madre está presente, ese tiempo puede aumentas a 1-3 horas.

Existen otros estudios interesantes sobre el tema del uso del tiempo, que ha demostrado que los adultos (entre 25-60 años) que trabajan, suelen usar alrededor del 80% de su tiempo entre trabajar y dormir, y solo 5% en cuidar o preocuparse de otros.

Entonces, si analizamos estos datos, considerando lo que es biológicamente necesario para el bienestar de un niño/a (lo que llamamos un “ambiente esperable para el desarrollo del niño”), entonces no es de extrañar los datos de los estudios que mencioné en la primera pregunta.

 

– Otro de tus planteamientos fue que en nuestro país existen dos filosofías actuales sobre el cuidado y la crianza, ¿podrías contarnos un poco de estos dos enfoques?

No sé si son enfoques, o modelos, o más bien estilos de “estados mentales frente al cuidado y los niños”.

Una concepción clásica (y muy difundida en estudios, libros, etc.) muestran una noción del niño/a como un ser que tiene que ser “educado y bien comportado”. Es decir, mientras menos estrés y emociones negativas exprese un niño/a, “mejor criado” está. Aquí se propone una concepción idealista de que el niño/a debe ser como una especie de “adulto racional y controlado”. Pero lo niños/as (ni los adultos!) no son racionales y controlados, y necesitan expresar emociones (negativas y positivas).

Entonces, bajo esta concepción, cuando el niño/a expresa emociones negativas que molestan al adulto, el niño/a va a recibir malos comentarios (“eres un mal criado”, “manipulador”, “difícil”, “mañoso”), y ciertas reprimendas (castigos, indiferencia, retos, etc.). La principal dificultad de esta forma de “estado mental” es que lo que busca, por un lado es modelar a un niño sobre la base de las expectativas de sus padres (y otros adultos), y por el otro, buscar controlar su conducta, pero sin tener la intención de comprenderla. Demás está decir, que no son solo los padres los que usan este tipo de concepción, sino muchos educadores, psicólogos, psiquiatras, pediatras, etc.

Por otro lado, ahora está de moda una concepción que tiene muchos nombres (Parentalidad Positiva, Crianza de Apego, Cuidado Respetuoso), y que más bien lo que busca es respetar y empatizar con las emociones (positivas y negativas), necesidades, estados mentales, y momento evolutivo, de los niños/as. Es decir, aquí se plantea (o por lo menos es lo que nosotros hemos planteado), que el estrés es parte del vivir de un niño/a, y que por ende, es normal que se enoje, frustre, haga pataletas, pelee, se sienta triste, no quiera interactuar a veces con los otros, y muchas otras situaciones propias de la vida emocional de los seres humanos.

Pero los niños tienen menos capacidades para regular estas emociones negativas, y por ende, están biológicamente programados para esperar que los adultos a cargo puedan hacerse cargo de las mismas. Entonces, otro principio importante es que se espera que, más que controlar estas emociones, habría que comprenderlas (como un investigador!), y enseñarle al niño a regularlas.

Creo importante distinguir que cuando digo “regularla” no es “educarla”, y esto porque desde nuestra perspectiva el cuidado/crianza no es una educación, ya que no se trata que el niño/a aprenda todo lo que los adultos tengan que enseñar como un dictamen de “haz lo que te digo que hagas” (“haz tus tareas”, “sé una buena persona”, “pórtate bien”, “aprende a respetar a los otros”,).

Bajo esta perspectiva, la famosa noción de “los derechos del niño”, implica un verdadero estado mental y emocional de buscar “no hacerle a los niños, lo que no te gustaría que te hicieran”. Fácil decirlo, muy difícil de hacerlo…y a todos nos cuesta en el día a día. 

Finalmente, importante aclarar que el respeto hacia el niño/a no implica dejarlo hacer lo que quiere. No implica tampoco la famosa noción de poner limites. Quizás implica hacer y mostrar mas un tipo de cuidado emocional, protector, predecible, sin provocar estrés, y comprometido, más que decir y sermonear/educar tanto.

 

– Comentaste también que existe un bombardeo extremo de información hacia los padres como consejos, libros y seminarios sobre crianza, la gran mayoría de éstos no basados en información científica, ¿cómo podemos los padres hacer un proceso de selección frente a tanta información?

elefantesyratones.com

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Es una pregunta difícil, sobre todo considerando lo que se está conociendo sobre los temas de crianza., Creo importante que en Chile empiece a llegar una tendencia que existe en algunos países del hemisferio norte (sobre todo EEUU), y es que los libros de divulgación sobre temas de crianza sean escritos por investigadores expertos sobre el tema. En Chile (y en Sudamérica) todavía estamos en la etapa de que muchos libros de ese (y otros temas psicológicos) son escritos por personas que no han realizado revisiones exhaustivas sobre las investigaciones (sino más bien dan sus opiniones personales), y eso es un problema.

Por el otro lado, uno observa que, dado el bombardeo informativo general por el que pasa la sociedad actual, es inevitable que muchos padres prefieran el “consejo experto” a la confianza en sus propias capacidades y experiencias. En ese sentido, creo que no se puede dar una respuesta absoluta: hay padres que no necesitan leer nada (y se les pide que por favor no se dejen influenciar, porque su experiencia es mejor que muchos libros!). Pero también hay muchos padres que solo repiten (y a veces justifican) malos tratos a sus hijos, y cuando comprenden al leer alguna información, que no es lo adecuado para su bienestar, entonces tratan de cambiar.

A tono personal, puedo decir que muchas de las ideas que nos han surgido de los programas que hemos elaborado sobre Cuidado Respetuoso han surgido de padres y profesionales que te cuentan sobre su experiencia en el cuidado de los niños (más que de investigaciones).

 

– ¿Qué recomendaciones le darías aquellos padres que buscan desarrollar herramientas para comprender mejor a sus hijos y así poder ayudarlos a calmar y regular su estrés?

En el entendido de que gran parte de la influencia que los padres (y educadores) ejercen sobre los niños, no tiene tanto que ver con lo que se dice y enseña, sino más bien con lo que uno hace/muestra/expresa, tendría que decir que las herramientas principales son aquellas que llevamos años tratando de fomentar en los diversos adultos a cargo de los niños.

Durante los últimos 10 años hemos ido creando, implementando y evaluando diversos programas de fomento del apego y el cuidado respetuoso, en diferentes contextos vitales y de riesgo de los niños (salas de cuna, jardines infantiles, visita domiciliaria familiar, infantes institucionalizados, infantes que conviven con sus madres privadas de libertad, e infantes que han sufrido múltiples traumas tempranos en su vida).

Estos programas se basan en la idea de que, para un niño (y desde el punto de vista de su necesidad primordial), lo esencial para su desarrollo y bienestar es sentirse seguro emocionalmente. Esta seguridad la suele evaluar especialmente en aquellos momentos donde experimenta algún tipo de estrés, ya que es en esos momentos donde su sobrevivencia y seguridad se ponen en juego.

Pero ellos no tienen la capacidad de poder manejar por ellos mismos este estrés, y ahí es donde el apego emerge como una necesidad biológica (propia de nuestra historia evolucionista mamífera) de necesitar ir hacia un adulto para calmarse y protegerse. Entonces, el nivel de sentido de seguridad surge del tipo de respuesta que el adulto realiza, dependiendo de si calma o no (o mas bien podría convertirse en la fuente misma del estrés).

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agnesortega.blogspot.com

Entonces, nuestros programas buscan, ante todo y primero que todo, una seguridad emocional en los niños, a través de entregar a los diversos adultos a cargo, una perspectiva mental de comprender/empatizar con la experiencia del niño “teniendo en mente la mente del niño”, y por sobre todo, a través de un cuidado respetuoso.

 

 

Más específicamente, las habilidades son:

  • ATENCIÓN: prestar atención a las señales no verbales, corporales y temperamentales que el niño entrega en sus momentos emocionales;
  • MENTALIZACIÓN: aprender a hacerse la pregunta por lo que él niño puede estar sintiendo/pensando/necesitando/expresando, sin caer en descalificaciones innecesarias (y sin necesariamente buscar controlarlo de acuerdo a nuestras expectativas y necesidades);
  • AUTOMENTALIZACIÓN: prestar atención a las propias reacciones emocionales y de estrés que nos generan muchas reacciones y conductas de los niños;
  • REGULACIÓN: buscar alguna forma de calmar y proteger el estrés (más que aumentarlo o ser LA fuente principal de malestar), entregando un mensaje simple de seguridad y acompañamiento.

Entonces, las 4 siglas hacen el acrónimo de A.M.A.R, y por eso todos nuestros programas se llaman así.

http://blog.dondestaspudu.cl

Acerca del autor

Psicologa Universidad del Desarrollo Formación en; Parentalidad Positiva, Apego y Salud Mental Infantil. Certificada en técnica de Intervención de Video feedback modelo ODISEA Consulta Particular (Viña y Santiago) y Talleres www.apegocrianza.cl

2 comentarios

  1. Elizabeth Brevis el

    Muchas gracias por el tema tratado… sin duda el ser padres es un desafío a diario.
    Cariños y bendiciones para este 2016!!!

  2. Excelente articulo, me inquieta y preocupa bastante el hecho de que no exista tanto profesionalismo en el ambito pedagogo, como padre hare mi mejor esfuerzo pero como podemos sacar la vieja crianza de las aulas en donde se forman los profesores del futuro?.
    Siempre podemos oir decir a algun profesional que trata con niños, “la maña” o “dejalo solo” o “no le hagas caso” o “tiene que ser hombrecito” y todas las frases celebres de la crianza antigua en donde el niño (hoy adultos) crecieron con esta conciencia de que es la correcta “forma de criar”.
    me preocupa dejar a mi hijo con profesionales que le enseñaran lo contrario que aprendera conmigo. como lo preparo para eso..

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