Empatía en la pareja no nos volvamos enemigos

1961

El último té de jazmín que nos juntamos a tomar con Pedro hace 2 semanas ya, tuvo un sabor distinto, esta vez ninguno de los dos sonrió, él me dijo que después de mucho pensarlo había decidido irse un mes a la casa de sus padres, y que durante ese mes no quería ver ni al niño ni a mi. Las cosas no andaban para nada bien, nos habíamos perdido el respeto, ya no nos escuchábamos y el amor que hizo que nuestro hijo llegara al mundo se había diluido en algún rincón de la habitación de padres.

Cuando me lo dijo las lágrimas cayeron involuntariamente por mis mejillas y un nudo se hizo en todo mi cuerpo, pensé inmediatamente en mi niño sin su padre y me pregunté callada cómo es posible que llegáramos hasta aquí. Afortunadamente después de tres días sin ver a nuestro hijo cambió de opinión y lo ha visto bastante seguido, pude comprender que su deseo de no verlo era un arma de defensa para protegerse de sufrir, pero el amor de padre es más fuerte… ¿Qué pasó entonces, cómo es posible que este amor tan grande esté tambaleando con la llegada de un niño maravilloso que nos imita, admira, ama y necesita?

Si es cierto, la pareja cambia al llegar los hijos, la relación es otra, ya casi no salimos de noche, ya no tenemos muchas energías, el tener relaciones es algo histórico jaja, aunque en nuestro caso siempre nos sentimos contentos con lo que lográbamos tener, era poco, pero era bueno, estábamos tan cansados ambos que no teníamos energías para más, pero siempre mantuvimos la creatividad y nuestras familias propiciaban nuestro encuentro cuidando al niño cada vez que lo sentimos necesario. Vuelvo a preguntarme, ¿qué pasó entonces, por qué esta relación tambalea, qué se ha perdido en el camino?

En estas noches de cama de a dos y llantos nocturnos de mi niño llamando a su papá pude verlo con claridad, no se ha perdido el amor, o al menos eso creo, pero sí la empatía, la capacidad de ponernos en el lugar del otro, de tratar de sentir como el otro, y eso lo perdimos ambos, nuestras sombras fueron tan grandes que sólo podíamos verlas a ellas y no fuimos capaces de ver la sombra de esa persona que elegimos para criar.

 

Nuestra decisión de que yo dejara de trabajar nos pasó la cuenta, de ser la mujer profesional exitosa pasé a ser la dueña de casa que hace todo a medias y que sólo se dedica a criar mientras él se esfuerza trabajando para mantener a la familia, el plus de que nuestro hijo fuera criado por su madre dejó de importar hasta el punto de pensar que una sala cuna sería mejor así yo sabría lo que es la presión de mantener un hogar, como si no lo supiera ya.

A la inversa, de ser ese hombre fantástico en su trabajo pasó a ser alguien que siempre estaba cansado y tenía poco tiempo y que creía que criar era fácil, que pensaba que estar con un niño 24/7 era sencillo, él que ni siquiera sabe qué darle de desayunar y que si no le dejo el almuerzo hecho cuando salgo simplemente no le da de comer, la lista es eterna, de pronto todo nos molestaba del otro, él no podía comprender que al llegar la noche estaba cansada, yo no podía entender que prefiriera hacer horas extras en su trabajo antes de llegar temprano a casa, o que saliera a carretear con sus amigos justo cuando el niño se resfrió y yo pasaba la noche en vela controlando la fiebre mientras él llegaba de madrugada contento de su merecido descanso.

¿En qué momento nos volvimos enemigos? ¿El mayor amor de nuestras vidas nos ha hecho olvidarnos de nosotros como pareja, o es que no somos capaces de entregar tanto amor a dos personas a la vez? Ni lo uno ni lo otro me hacen sentido, creo de verdad que se debe a que yo no supe comprender lo que le pasaba a él ni al revés.

La falta de empatía arruinó nuestra pareja 

Este es mi mea culpa, lo que no quita que su posición en la crianza fue bastante machista y violenta: no pude comprender que nunca se sintió parte real de la crianza de nuestro hijo, y en eso creo amigas, que todas las mujeres pecamos, yo también soy su padre me dijo decenas de veces, sí lo eres, pero yo no voy a permitir que hagas tal o cual cosa porque fui yo quien lo tuvo en la panza nueve meses!! y fin del tema, hacía lo que yo quería.

Tal como él no comprendió que las críticas eternas y constantes a cada cosa que yo hago fueron mermando mi confianza en él y me fui sintiendo cada vez más sola en una casa enorme con un niño adorable, él tampoco pudo comprender que para mi estar estos años fuera del mundo laboral ha sido un costo enorme, que me atemoriza el día que vuelva a trabajar y nadie me quiera contratar, que me siento subvalorada por mis pares porque sólo crío, que me da miedo no ser capaz de soltar a mi hijo, que de verdad a veces ya no quiero más, que de verdad debo contar hasta mil cada vez que algún familiar me critica porque me dan ganas de decirles sabes realmente cuán cansada estoy? No, no pudo comprender que esta sociedad me hace sentir menos mujer por criar, y que yo lucho cada día con mis sombras de un padre machista.

 

No sabemos ponernos en el lugar del otro porque este mundo no está diseñado así, y cuando somos padres y madres el puerperio lo vivimos ambos, mamá y papá se enfrentan con los niños que fuimos, y ambos pedimos a gritos ser consolados y contenidos, pero en general no nos damos cuenta de eso, o nadie está ahí para ayudarnos, entonces, o comenzamos a culpar al bebé indirectamente, o  nuestros dolores y frustraciones comienzan a recaer en la pareja, y así poco a poco nos vamos volviendo enemigos de quien amamos tanto. Es tan importante la empatía que pareciera ser algo que debiéramos reforzar a cada minuto en nuestras vidas, ponernos en el lugar del otro, implica sin embargo, un tremendo esfuerzo, una entrega mayor y un grado de consciencia que pocas personas tienen, basta con que uno de los dos sea empático para que las cosas cambien, pero ninguno lo es porque sólo podemos ver lo que nos ocurre a nosotros, no es entonces casualidad que tantas parejas hoy tambaleen o sencillamente se separen, porque ese hombre, esa mujer que tanto me entendía antes, ahora ya no está ahí para mi, no, porque ambos estamos para el niño y con suerte somos capaces de estar para nosotros mismos, nos falta gente con quien hablarlo, nos faltan grupos de apoyo, les falta a ellos, los hombres reconocer lo que viven sin críticas, sin expectativas, poder abrirse a un circulo de hombres padres que los validen.

 

Pero como para poder cambiar el mundo debemos comenzar por cambiar nuestro entorno inmediato creo que podemos partir dándole a los hombres el espacio que es suyo en la crianza y la paternidad, aunque no nos guste, aunque nos desrregule, porque ellos son sus padres y de verdad tienen derecho, pero más que eso, porque nuestros hijos tienen derecho a que sus padres se equivoquen también con ellos y sepan corregir ese error o al menos lo intenten, como dice otro artículo en esta web, necesitamos permitir a nuestros hijos tener a sus padres, aunque no estén presentes, empatizar con los hombres es una tarea pendiente para las mujeres, y creo que a la inversa también, no sé amigas mías cómo se resuelve esto, ojalá lo supiera, pero sí sé que volvernos enemigos y agregar un número más a la lista de divorcios no es la solución, aprender a escucharnos, a entrar en el corazón de ese otro padre/madre es para mi el camino, tratar de soltar las rabias y heridas contra ese padre o madre, seamos pareja o estemos separados, cuesta, no sé cómo se hace, pero sé que voy a intentarlo porque Pedro es a su manera un excelente padre, y porque amar es también estar con ese ser en sus peores sombras, tal como lo hacemos con nuestros hijos en sus peores momentos. Somos padres y siempre lo seremos, y si nos amamos, podemos intentar sanar a esos niños heridos para amar como adultos a esa persona que elegí como pareja, o al menos, intentar respetar siempre en todo momento al padre o madre de mi hijo, los gritos, las críticas, descalificaciones no llevan a ningún lado, ser conscientes, abrir nuestro corazón y entender que el otro no nos quiere hacer daño sino que está tan dañado que no ve el camino, nos ayudará a tenderle la mano a ese hombre que amamos en vez de volvernos enemigos y dejar nuevamente a otro niño con padres separados…

 

Les dejo un abrazo fraterno, esta vez les mando luz y les pido su luz y amor, y recuerden, no somos enemigos, no dejen que les hagan creer eso.

 

 

Tara

Foto: www.nosabesnada.com

 

Acerca del autor

Equipo de columnistas y colaboradores ocasionales de Mamadre.cl