El ser humano desde la visión antroposófica

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Mucho se habla de la medicina antroposófica pero poco se entiende de la misma, en Mamadre creemos que es importante entregar a las madres y padres el fundamento teórico de la antroposofía y su forma de ver al ser humano, para que así pueda comprenderse mejor de qué manera la medicina antroposófica sana, y la mirada que la misma tiene sobre la maternidad y paternidad y cómo hay que criar a los hijos/as. Para responder tus dudas. te dejamos la explicación detallada de nuestro pediatra antroposófico Carlos Navarrete-

 

La Medicina Antroposófica tiene como sustento teórico los conocimientos obtenidos desde la Antroposofía, que es una corriente del pensamiento, que surge en Europa a comienzos del siglo XX, de la mano de Rudolf Steiner, un filósofo alemán, dotado de sorprendentes capacidades clarividentes, quien aprovechando esa condición pudo adentrarse en el conocimiento del ser humano y la naturaleza, desde una mirada más plena. Steiner describe al hombre como un ser no sólo dotado de un cuerpo biológico que crece y se desarrolla, sino también de una parte anímica y espiritual, que le otorga su cualidad de ser humano. Y a partir de esta mirada, sentó las bases para desarrollar toda una nueva perspectiva en la educación (Pedagogía Waldorf), en la salud (Medicina Antroposófica),en la agricultura (Agricultura Biodinámica), las artes, la arquitectura, en fin, en todos los ámbitos de la cultura humana.

A partir de esas enseñanzas se logra construir una imagen del ser humano, que lo muestra integrado por cuatro ámbitos fenomenológicos, un ámbito físico que se nos muestra claramente ante nuestros sentidos y que lo podemos ver, medir y pesar. Un ámbito vital, conocido como etérico, que corresponde a los fenómenos ligados a lo vivo, y que se expresan en las capacidades de crecimiento, reparación, respiración, nutrición y reproducción. Un ámbito anímico, vinculado a la capacidad
de conciencia, de percepción de estímulos, y el desarrollo de una vivencia interior del fenómeno, que permite reaccionar con agrado o desagrado, generando respuestas e interactuando con el medio. Estos tres aspectos descritos, el ser humano los comparte con el reino mineral, vegetal y animal respectivamente. Sólo el cuarto ámbito fenomenológico es privativo exclusivamente del ser humano, y se refiere a las capacidades de adquirir la postura erecta, desarrollar un habla que le permite comunicarse con otros seres humanos y desplegar un pensamiento, con el cual se forma representaciones mentales, que las guarda en la memoria, y las evoca a voluntad como recordación. Gracias a estas capacidades es que el ser humano puede aprender y con ello transformar su medio ambiente creando lo que llamamos cultura. A este ámbito se lo conoce como YO humano, y corresponde a la manifestación de la esencia espiritual humana, que se expresa vinculada a una corporalidad físico-biológica, sensible, transformándola en su instrumento para ponerse en el mundo.

De esta manera desde la Antroposofía se entiende al ser humano constituido de un cuerpo físico, etérico o vital, anímico o astral y espiritual. Estos cuatro aspectos constituyentes del ser humano, se articulan mutuamente, variando la intensidad de esta interrelación en las diferentes áreas de la estructura humana. De tal forma que la condición de salud del ser humano, estará dada por un adecuado equilibrio de esta interacción, según sea la zona u órgano del cuerpo que se trate.

El desarrollo humano desde la Antroposofía:

El ser humano se desarrolla como tal, en un proceso dinámico, que parte durante la gestación con la estructuración de una corporalidad físico-biológica, que es puesta a disposición de una esencia anímico-espiritual, para transformarse en un medio para ponerse en este mundo. Esta corporalidad, con la cual se une estrechamente la esencia humana, sólo al momento de nacer, corresponde a una suerte de donación de ambos padres. Por consiguiente esta responde a las leyes biológicas de la herencia, y debe por consecuencia, ser transformada y sometida al dominio exclusivo de la nueva individualidad, en un proceso progresivo de apropiación e individualización. Si este proceso es bien realizado, conduce al individuo hacia la libertad, permitiéndole romper los vínculos de la herencia y facultando la expresión de las características y potencialidades propias. Este camino de desarrollo humano es en esencia, un camino de transformación, que adecua esa corporalidad, a las necesidades de esa esencia humana. Y ocurre durante los años de la infancia y particularmente durante los 3 primeros septenios o también llamados los septenios del cuerpo.

Durante estos septenios el ser humano se independiza, física, biológica, y emocionalmente de sus padres, para poder expresar plenamente su individualidad. Para que ello ocurra adecuadamente, el niño debe recibir los estímulos necesarios, para llevar a cabo estas transformaciones.  Luego de su nacimiento, es necesario que sea recibido en un “nido”, que le brinde amor, protección y cobijo. El calor físico y anímico, son esenciales para conducir a este ser humano en ciernes, e impulsarlo a transformase en un hombre adulto. De la misma manera debe experimentar este proceso en compañía de otros seres humanos, que con su presencia y atención, le brindan un modelo de imitación, con el cual despiertan las capacidades propiamente humanas, que duermen en su interior.

images (1)Este desarrollo necesita de la construcción de una corporalidad que permita la expresión plena de la individualidad, y esto se hace en un camino que contiene dos procesos íntimamente articulados, el primero que surge vinculado al polo que llamamos “metabólico” 8 y que corresponde a la curva de desenvolvimiento físico o corporal, que se refiere a fenómenos constructivos, que son conducidos y se estructuran en base a las fuerzas obtenidas mediante la nutrición. El segundo surge desde el llamado “polo neuro-sensorial”  y corresponde a lo que conocemos como curva del desenvolvimiento anímico, y corresponde a lo que denominamos fenómenos de conciencia, ya que ocurre de la mano un gradual despertar de conciencia, que permite todos los pasos que acompañan el desarrollo de una vida psíquica, culminando en la construcción de una estructura psicológica individual o yoica.
El desarrollo, crecimiento y transformación de esta sustancia inicial recibida durante la gestación, se produce por la interacción de la propia individualidad humana con una serie de factores, que actúan sobre la corporalidad inicial y le imprimen un sello. Unos son captados mediante los órganos de los sentidos, y se relacionan con el gradual despertar de conciencia y otros se obtienen mediante los órganos abdominales de la digestión, durante el proceso de alimentación. Ambas ví́as combinadas permiten desarrollar la base donde se expresará este ser humano. La actuación de estas dos vías tienen suma importancia, particularmente los primeros años de vida. Su interacción debe ser justa y equilibrada, y cada una de ellas debe mantener la predominancia en su natural área de influencia, ya que desequilibrios o sobrerrepresentación de una en el terreno de la otra, se transforman en una tendencia patológica que podrá tener una traducción en ese
sentido, en el corto, mediano o largo plazo.

Doctor Carlos Navarrete

Médico pediatra antroposófico

www.espaciointegración.cl

Acerca del autor

Mujer, madre, escritora y periodista. Enamorada de la vida y de un principito de rizos dorados. Amante de los libros, Valparaíso y el buen vino. Activista eterna por los derechos de las mujeres y los niños. No me gustan los extremismos, aceptar al otro como legítimo otro es mi lema de vida, ayudarnos a ser conscientes y relacionarnos con amor es mi misión. Autora del libro ¿Cómo construimos lo que somos? Memorias y olvidos de los italianos en Valparaíso. Expositora en Congresos y simposios sobre migraciones y reconstrucción de historias de vida/biografías. @jbruna jenny@mamadre.cl

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