El segundo bebé; miedos, mitos y compañia

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Mis hijos se llevan un año y siete meses de diferencia. Al nacer el más pequeño, el mayor aún era un bebé que demandaba lo que demanda un bebé: upa, mimos, contención, pañales. Él dormía con nosotros, aún no iba al jardín, pasábamos los días juntos, pegaditos. Mi mayor angustia durante mi segundo embarazo era pensar en los días que pasaría en la clínica, separada de él. ¿Cómo sería esa primera noche separados. Cuál sería su reacción al verme hospitalizada, con suero. Qué pasaría después cuando naciera su hermano, cómo reaccionaría, como sería para él tener que compartirme?

Si bien siento que esa fue mi experiencia, también me he encontrado con muchas mamás que viven la llegada del segundo hijo con angustia por lo que el mayor podría sentir. Muchas nos preguntamos si seremos capaces de amar a nuestro segundo bebé tanto como amamos al que ya tenemos a nuestro lado y a la vez nos sentimos culpables por este tipo de planteamientos ¿Seré capaz de contener, cuidar y acoger a dos niños? ¿Mi cuerpo tendrá la sabiduría y el aguante para poder estar disponible todo el tiempo que me necesiten?

 

El parto puede ser un momento familiar si lo decides así.

Muchas veces la idea de parto se relaciona a un procedimiento médico donde un niño pequeño no tiene que participar. Pensamos tal vez que nuestro hijo no debería vernos atravesar el dolor de las contracciones, que podría asustarse, sin embargo, si nos preparamos para este momento, puede ser positivo que lo dejemos acompañarnos durante el preparto y que conozca a su hermano apenas nace.

 

La red de apoyo será fundamental

Durante los primeros meses, el bebé recién nacido necesitará de los cuidados permanentes de mamá, sin embargo, el que ya estaba aquí antes no dejará de necesitar también de nuestra atención. Es por eso que contar con una red de apoyo que nos facilite la vida es fundamental. Que alguien pueda ayudarnos con las tareas de la casa, invitar al mayor a desarrollar alguna actividad que le guste, o simplemente estar disponible cerca para cuando necesitemos una mano, se agradece demasiado.

 

No todos los consejos necesitan ser escuchados

Cuando nació mi hijo menor escuché muchos consejos que creo en lugar de facilitar las cosas, las complican. “Préstale atención al mayor nada más, el pequeño no tiene conciencia, pero el otro sufre”. Esto no es verdad, nuestros recién nacidos nos necesitan, necesitan su exterogestación, de nuestros brazos, nuestra disponibilidad emocional para poder establecer un vínculo de apego seguro. Lo más sensato es intentar mantener un equilibrio, con mucho amor y paciencia.

 

Otra cosa que me dijeron varias veces fue “ojalá puedas meter al mayor al jardín, así no te vuelves loca”. Si nos interesa que nuestro hijo vaya al jardín infantil, lo ideal es que elijamos un momento alejado de la llegada de su hermanito para evitar que se sienta desplazado. Si nos ponemos en su lugar, los cambios tras el nacimiento de su hermano serán grandes. Hay que compartir a los papás, muchas veces hay que compartir la cama de los papás que antes también era para mí, todo el mundo toma en brazos al menor todo el tiempo, lo miran y hablan de él y más encima a mí me sacan y me meten en un lugar desconocido, con personas extrañas todo el día. No parece justo.

 

Nuestro hijo mayor puede de repente parecernos muy grande, pero es un niño aún.

A veces la llegada de un bebé hace que por efecto del contraste, el mayor se vea increíblemente grande. Ese que era nuestra guagua hasta hace una semana, ahora nos parece todo un niño crecidito en comparación con su hermano. Es que nos habíamos olvidado de lo pequeños que son los recién nacidos. Sin embargo, a pesar de lo que nos pueda parecer, el mayor aún es un niño con todo el derecho a seguir actuando como tal. Dependiendo de su edad nos pedirá brazos, hará pataletas, nos pedirá dormir acompañado, seguirá requiriendo de nuestra atención, porque los niños necesitan de la atención de sus padres.

El porteo puede ser un gran aliado en estos casos. Nos permite cargar al pequeño todo el tiempo, incluso amamantarlo, mientras las manos quedan libres para el mayorcito. Portear dentro de la casa, también nos ahorra el riesgo de que el mayor pueda lastimar accidentalmente al menor cuando no estamos en la misma habitación. Mi hijo mayor (de 20 meses entonces) una vez botó a su hermanito de su cuna por intentar asomarse a verlo, si hubiese estado amarrado a mí eso no hubiese sido posible.

hermanitos

Si estamos acostumbrados a portear al mayor, mantengamos la costumbre ya que es un momento muy rico de acercamiento y contacto físico, que los dos seguramente extrañaremos si lo dejamos de hacer.

 

 

Son dos niños completamente diferentes

Si bien muchas veces el nacimiento del segundo nos encuentra algo más entrenadas en esto de ser mamás, también es posible que aquello que resultó de maravillas con el primero no funcione para nada con el segundo. Mi primera lactancia fue maravillosa desde el día uno, mi hijo se prendió del pecho apenas nació y nunca tuve ni medio problema de acople. La lactancia con el segundo partió con mucha más dificultad y a pesar de que yo ya tenía experiencia, tuve que aprender todo de nuevo porque no logramos acoplarnos bien en un inicio.

Mi primer hijo tuvo reflujo, por lo cual pase sus primeros meses con él en posición vertical por mucho rato después de amamantar, limpiando vómitos de leche y con mi ropa pasada a leche agria. El segundo no vomitó ni una gota nunca. Compré un arsenal de  baberos y tutos que nunca usó, porque quedaba llenito, pero todo se quedaba ahí.

Los celos son normales

No podemos esperar que nuestro hijo mayor ni se inmute ante la llegada de este nuevo ser a su vida. Probablemente los primeros días lo adore y lo quiera cuidar si tiene más de 3 o 4 años, o no lo pesque y asuma que su hermano es transparente si es menor de 2 o 3 años. No obstante, con el correr de los días y cuando este hermanito nuevo comienza a hacerse notar, cambia las dinámicas familiares y empieza a ocupar un lugar que antes era exclusivo del mayor, es esperable que se ponga celoso. Si no lo hiciera, sería raro.

Es por eso que pensar en eliminar los celos no es lo más recomendable. Quizá lo que se podría hacer es siempre hacerle notar que a pesar de que hay un nuevo integrante en la familia, su lugar sigue siendo importante y es imposible que este nuevo ser lo reemplace, porque ambos son únicos. No podemos obligarlo a amar a su hermano, eso llegará solo. Tampoco es bueno que le carguemos la responsabilidad de cuidar a su hermano menor, ambos son niños y ambos merecen tener quien los cuide, no le corresponde a él cuidar a nadie, pero sí puede ayudar en ciertas tareas simples si esto le agrada y le acomoda.

 

La llegada de un nuevo integrante de la familia es un cambio importante y necesitamos adaptarnos

Así como nuestro primer encuentro con la maternidad nos tambaleó todo el sistema y nos obligó a reorganizarnos para adaptarnos a esta nueva familia, ser mamá por segunda vez nos pone en una situación similar. El cansancio puede ser muy grande y a veces nos darán ganas de desaparecer. Es normal. Somos seres humanos. Y a pesar de que la maternidad ocurre desde que el hombre es hombre, no deja de ser un trabajo tan hermoso como agotador y desgastante. Date permiso para fallar, date permiso para estar cansada y sobrepasada porque con el tiempo te aseguro que…

 

TODO MEJORA

Nos adaptamos a nuestra nueva vida, a estar pendientes de dos y no de uno, a mantener dos conversaciones paralelas, a dar pecho en tándem (si es que lo elegimos), a cambiar pañales por dos (si nos toca), a dormir cuatro en la misma cama, a comprar juguetes multiplicados por dos, incluso a cargarlos alguna vez a los dos a la vez.

La angustia y la pena son parte de este proceso maravilloso de agrandar la familia. El asunto es poder atravesarlas sabiendo que el amor es mucho más fuerte y que por más complejo que se pueda poner  a ratos, los momentos en que no se siente tan terrible son maravillosos. Y a medida que va pasando el tiempo esos son la mayoría.

Recuerdo vivamente la primera interacción de juego que tuvieron mis bebés. El mayor aún no cumplía los dos años y el menor tendría 4 meses. El mayor hacia sonidos chistosos para que su hermano riera. Y todos reímos y lloramos también, porque supimos que el regalo más valioso que le hicimos a nuestros hijos fue el hecho de poder tenerse el uno al otro.

 

Agustina Bosio

Psicóloga, mamá de dos

fan page: Crianza Amorosa

Acerca del autor

Mamá de dos cachorros, psicóloga y bloggera. Extranjera viviendo en Chile, en pareja con Sebastián. Niña de pueblo viviendo en una ciudad, encontrando y desencontrándose con la mujer que hoy es.

4 comentarios

  1. Estoy exactamentw en tu misma situación, uno de 1 mes, el otro de 19 meses… de a ratos no se si estare haciendo bien o si podre manejarlo… me siento superada por momentoa. Grqcias por compartir tu experiencia, me anima. Estoy con lactancia en tandem y colecho doble, es micha la demanda y el agotamiento… pronto se acomodará

  2. Ahhh
    Me emocione tanto con tu relato!
    Con casi 7 meses de embarazo y mi niño con 2 años me he realizados muchas veces las mismas preguntas… aun amantamos, colechamos y el jardin no es una opcion aun para nosotros, pese a los consejos de cercanos.
    A pesar de los temores e inquietudes, se q podremos, quizas no será fácil, de eso seguro! pero tal como lo señalas “estaremos seguros que les y nos daremos el mejor regalo de vida”.
    Gracias por compartir
    Abrazotes y bendiciones mil

  3. Hola, tengo un hijo de 6 años y una hija de 1 año 8 meses, actualmente tengo un embarazo de 35 semanas y una de las cosas que más me asusta es como voy a lograr atender las necesidades de los 3.

¿Qué opinas?