El poder del discurso materno: lo que mamá dice es lo que el hijo será

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Por Ps. María José Gasc 

¿Has pensado alguna vez la importancia que tiene el lenguaje en nuestras vidas? Si no lo has hecho es tiempo de que te sientes a pensarlo, porque de lo que le digas o no a tus hijos puede depender las personas que ellos sean en el futuro.

No, no estoy exagerando, el lenguaje crea realidades, ¿qué quiero decir con esto? que una vez que las nombramos las cosas se vuelven reales, sobre todo si lo hacemos de manera reiterada, y cuando hablo de lenguaje me refiero a todo acto de comunicación, verbal o no verbal, todo lo que digas o dejes de decir sobre tus hijos puede determinar su vida para siempre, por ello es muy importante que pensemos muy bien lo que vamos a decir antes de hacerlo, evitar ponerles rótulos o etiquetas será quizás la tarea más importante y más difícil para toda madre y padre.

La psicóloga argentina Laura Gutman señala que nacemos y luego somos vestidos con un disfraz con el que cargamos por mucho tiempo, incluso en algunos casos toda la vida. Ese disfraz que de una u otra forma lo incorporamos y hacemos nuestro, comienza a adherirse a nuestra piel y por tanto forma parte de nuestra identidad.

Como padres tenemos la enorme responsabilidad y poder, para moldear el cerebro de nuestros hijos. Si bien todos nacemos con un temperamento único que es independiente de lo externo, existe otro componente en nuestra identidad (Carácter) que sí se ve afectado e influenciado por el ambiente. Recordemos que nuestra inmadurez al nacer, y la necesidad de que otro nos cuide y regule, hace necesaria la presencia de un entorno donde los cuidadores principales y el lugar donde nacemos pulen y dan forma al desarrollo que quedó pendiente al momento de nacer.

http://www.lamamaoca.com/etiquetamos-a-nuestros-hijos/

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La etiqueta en los Niños/as

Cuando le decimos a nuestros hijos que son los niños/as más hermosos/as que hemos visto, que son la luz y motor de nuestra vida, de una u otra manera estamos poniendo un concepto que aporta en la construcción de su identidad, lo cual no siempre es negativo o nocivo para el desarrollo de una personalidad sana e integral, en ese caso estamos hablando de elogios, pero si no cuidamos la forma en que usamos las palabras, se pueden transformar en un cartel con el que carguen de manera rígida. No digo que decirle cosas lindas a nuestros hijos esté mal, al contrario! Los niños y niñas necesitan escuchar y sentir el amor y admiración de sus padres, a lo que me refiero con esto, es que muchas veces podemos caer (involuntariamente) en que ese discurso forme parte de su identidad.

Para lo anterior, es de suma importancia que el mensaje se lo hagamos saber de tal manera que sientan el tremendo amor y alegría que sentimos de que formen parte de nuestra vida, pero que claramente nuestro bienestar no depende de ellos, ya que como adultos, somos nosotros los que contenemos a nuestras crías, entonces ¿Cómo? Bueno, la clave está en no poner el cartel, es decir, nuestro hijo NO es “el motor de nuestra vida”, mas bien SOMOS felices y lo/a amamos. Podemos cambiar el “eres el motor de mi vida” por un “ME hace tremendamente feliz ser tu mamá”. Al decir lo último, lo saco a él o ella de la responsabilidad de que mi vida funcione y la frase está centrada en lo que me pasa a mí.

Si pensamos lo mismo, pero en ejemplos mas negativos, quizás se nos hace mas fácil ver el panorama.

Cuando hemos descubierto una mentira de nuestro hijo o hija, lo que ha pasado en realidad es que ha mentido, lo que no significa que sea “mentiroso”, cuando usamos esta palabra nace la etiqueta y por ende el niño o niña inconscientemente buscará calzar en él.

 

El Poder del discurso de crear Realidades

La palabra tiene un tremendo poder transformador, sobre todo cuando esa palabra la dice quien más me ama. Si mamá o papá dicen que soy el más lindo del mundo, caminaré por la vida (especialmente en la primera infancia) sintiendo seguridad de que soy lindo o linda. Cuando escuchamos de pequeñito que “eres malo para las matemáticas” algo pasa en nuestro cerebro que éste lo asimila como una realidad, pero no sólo se queda en eso, sino que “eso” que me dijeron lo asimilo como un mandato interno, por lo tanto no solo escucho y creo, también lo debo hacer real. El lenguaje crea realidades.

 

El discurso con el que crecemos, aquello que nos han dicho desde que somos bebés y niños/as forma parte de la identidad que forjamos y se liga discretamente (o no) con la personalidad. Esto hace referencia al disfraz del que hablaba Gutman, que no siempre es malo, de hecho casi siempre es funcional dentro de las dinámicas familiares y vinculares. Todos tenemos un papel y nuestro rol se desenvuelve dentro de una dinámica donde la funcionalidad de mi personaje está sujeta a la homeostasis del sistema familiar en el que estamos, y eso nos pasa a todos, sin embargo, es relevante que pueda ser el pequeño quien vaya definiendo el rol que tendrá en la dinámica familiar según sus características

 

Construyendo la autoestima según lo que comunicamos

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El autoestima, tiene su auge en los inicios de nuestra vida, de la forma en que me tratan es cómo concibo la idea de que me debo tratar a mí mismo y es en este espacio donde se empieza a desenvolver el autoconcepto y con ello el valor que doy a mi vida.

El autoestima se empieza a forjar en la cuna.

Es importante que todos seamos tratados con respeto en lo que respecta a nuestro ser. Si bien esto parece obvio, resulta que hay algunos aspectos esenciales que no debemos pasar por alto, por ejemplo permitir a nuestros niños y niñas desde que son concebidos, que sean personas a parte de nosotros, tener un nombre, ser nombrados como alguien distinto a nuestra mamá/papá y no cargar con responsabilidades o propósitos desde antes de nacer.

 

Durante la gestación, ocurre que muchas veces los padres y familiares ponen sentido a la vida del niño o niña desde anhelos personales o con mandatos que dicen relación a misiones transgeneracionales que el sistema familiar acarrea. La mayoría de las veces, esto no viene teñido de malas intenciones, pero olvidamos la autenticidad del niño/a en gestación y antes de si quiera conocerlo/a, ya le hemos puesto un rol en la familia; “el que salvó el matrimonio”, “el bastón de mi vejez” y así muchos rótulos que acompañan al niño durante toda su vida, formando parte del discurso del “quien soy”.

 

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Es importante que la forma en que nos comuniquemos sea orientada a transmitir el mensaje de manera asertiva, sin caer en dobles discursos o etiquetas que puedan dañar a los otros. Por ejemplo la palabra “Mañoso/a” en nuestra cultura es muy frecuente. Cuando un bebé o niño llora o se queja mucho, la familia y los que lo rodean muchas veces dicen que ese niño o niña ES mañoso/a, cuando en realidad lo que le ocurría era un tanto mas complejo que eso.

 

Siguiendo la misma línea, una comunicación asertiva y efectiva se relaciona estrechamente con el vínculo afectivo que se forma entre bebé y sus cuidadores principales. Es a través del lenguaje (verbal y no verbal) que la relación se cultiva y comienza la danza. Recordemos que una de las competencias parentales necesarias para brindar seguridad al vínculo es la Mentalización, la que hace referencia a atribuir un estado mental o afectivo a la conducta de los niños y no es, sino a través del lenguaje, que podemos mentalizar la conducta de nuestros hijos e hijas.

Por lo tanto, debido a que el modelaje de conductas es el mejor instrumento para enseñar a nuestros hijos, debemos procurar que nuestra mentalización sea clara y además centrada en el niño, sin caer en prejuicios sobre lo que el niño podría estar haciendo con fines manipulatorios, mas bien comprendiendo desde la empatía y el buen trato, lo que nos quiere transmitir con su conducta. Es a través de la interacción con otras mentes, que el niño podrá después mentalizar sus propios estados afectivos y los de los demás.

 

Entonces el desafío siempre es grande y el enfoque de una Parentalidad que se ajuste a las necesidades del niño, es mirarlo como único, con sus características y sin caer en poner un cartel sobre una conducta aislada. ¡Por supuesto que habrán rótulos en su vida! Es casi imposible no tenerlos, pero es muy importante que como padres seamos mediadores entre la realidad y el mundo interno de nuestros niños y niñas, siendo un canal que facilite la adaptación, verbalizando y poniendo en palabras aquello que pasa. Si un niño o niña come poco, no caigamos en decir que es “mañoso para comer”, mas bien hablemos de ello como un relato de la conducta; “Pedrito no siempre come mucho”, “Danielita por lo general queda satisfecha con poquita comida”. Y así no solo evitamos caer en rótulos o etiquetas que los acompañen o se adhieran al autoconcepto, sino que también enseñamos destrezas comunicacionales, donde somos capaces de decir aquello que queremos comunicar.

 

María José Gasc
Mamá y Psicologa
Formación en Parentalidad Positiva, Apego y Salud Mental Infantil
www.apegocrianza.cl 
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Acerca del autor

Psicologa Universidad del Desarrollo Formación en; Parentalidad Positiva, Apego y Salud Mental Infantil. Certificada en técnica de Intervención de Video feedback modelo ODISEA Consulta Particular (Viña y Santiago) y Talleres www.apegocrianza.cl

3 comentarios

  1. Gracias por el artículo me gustó su forma de explicar el tema. Sin duda estamos acostumbrados a etiquetar especialmente los familiares que dicen cosas tales como eres “malilla” que ” vandido” cuando hace alguna gracia tu bebé. Uf es difícil lidiar con ello pero se debe empezar por nuestro ejemplo.

  2. Puedo dar fe de lo nocivo que es etiquetar a los hijos, puesto que yo tuve una infancia donde resaltaban mis debilidades y me ponían como ejemplo a mi hermana mayor perfecta. Eso hasta el día de hoy ( en mis 30 y aún ocurre) me pesa y no ha permitido que sea una persona abierta ni con mi familia ni con nadie…espero no cometer esos errores con mi hija. Gracias por el artículo y saludos.

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