El peor peligro para mis hijos

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Cuando mis hijos nacieron nació en mi una leona dispuesta a matar y morir por ellos, sentí el lamado de protrgerlos, pero después de casi 7 años de maternidad me he dado cuenta de algo terrible.: el mayor peligro al que han estado expuestos soy yo misma

Cuando mis hijos nacieron, también nació en mi una leona, una fiera felina, dispuesta a matar y morir por ellos. Suena cursi y ridículo. Es cursi y ridículo. Sentí el llamado a protegerlos de todo lo malo, a cuidarlos del peligro, a siempre estar a su lado velando porque nada ni nadie les hiciera daño.

Después de casi 7 años de maternidad me he dado cuenta de algo terrible, que ya lo venía intuyendo, pero ahora es una certeza: el mayor peligro al que han estado expuestos soy yo misma. Por más que intento que sea la conciencia de mis propios mandatos y trancas la que me guíe, me veo cayendo una y otra vez en las trampas más absurdas y luchando por no arrastrarlos.
Mañana hay prueba de Inglés. Yo ya di mil pruebas. Nunca me saqué un rojo ¿Soportaré los rojos de mis hijos sin arrojarles mi pesada carga de autoexigencia a la espalda? Hoy no quiso hacer la tarea ¿podre soportar que la lleve sin terminar con las consecuencias que eso tendrá? ¿Me sentiré juzgada como madre por sus profesores? No quiso bailar en la clase de música y mandaron comunicación ¿Soportaré que el profesor no le tenga buena y respetaré el deseo de mi hijo de no bailar (siempre le cargó), sin caer en la horrible máquina generadora de culpa y exigencias? ¿Soportaré que mis hijos no sean tan mateos como yo? ¿Soportaré que la rebeldía que yo misma me encargué de inculcar, explote en mi cara cuando se nieguen a ir en contra de sus propios deseos?
Tengo susto de mi misma y me dan ganas de renunciar ¡Es demasiada responsabilidad! ¿Cómo lo voy a hacer para no cagarla aun más? ¿Cómo lo voy a hacer para no hacerles daño?
Creo que trabajar en esa conciencia es un paso importante. Y supongo que esto que se ve como algo tan gigante en este minuto, es parte del mismo problema. Voy a tener que aprender a vivir con el error, con el mio sobre todo, pero también con los de ellos. A perderle el miedo a la mediocridad. A espantar los cucos y soltar la mano. Este no es mi camino y solo puedo custodiar, resguardar, pero no me corresponde andar dirigiendo el recorrido.
Por la cresta que me cuesta

Acerca del autor

Mamá de dos cachorros, psicóloga y bloggera. Extranjera viviendo en Chile, en pareja con Sebastián. Niña de pueblo viviendo en una ciudad, encontrando y desencontrándose con la mujer que hoy es.

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