El mito de Artemisa como arquetipo floral, ¿la diosa de la Maternidad?

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En el folclore europeo Artemisa es la diosa del parto y da nombre a una flor que precisamente equilibra las emociones durante el embarazo y el parto. Según la mitología griega, era hija de Leto y Zeus, quien gobernaba el Olimpo, y hermana gemela de Apolo.

La historia de su embarazo y parto es peculiar. La tradición cuenta que Leto, una titánide, había tenido un amorío con Zeus, del cual quedó embarazada. Hera, esposa de Zeus, furibunda,  le prohibió dar a luz en tierra firme, y recibir ayuda alguna. Leto se refugió en la isla flotante de Ortigia, donde llegó el trabajo de parto extremadamente largo y doloroso. Después de nueve días de sufrimiento, los dioses del Olimpo se apiadaron y permitieron que naciera Artemisa, la primogénita. Recién nacida, Artemisa asistió a su madre en el nacimiento de Apolo, su hermano menor y gemelo. Apolo heredó de sus abuelos el culto al sol, y Artemisa el culto a la luna.

De allí en adelante, Artemisa se convierte en un tremendo arquetipo a meditar en el momento del embarazo y la maternidad. Su trabajo de parto, de nueve días, simboliza los nueve meses de gestación, pero también, numerológicamente representa una iniciación mística: tras los nueve días –o nueve meses de embarazo-, volvemos a nacer como mujeres. Somos algo nuevo. Artemisa, por otra parte, no requirió ningún conocimiento particular para atender el nacimiento de su hermano, simplemente siguió sus instintos.

Según iba creciendo, Artemisa se vuelve la diosa o Señora de los Animales, de los bosques, los animales salvajes y la caza, de allí que se la relacione con Diana en el panteón romano. Esos atributos, más su simbólico culto lunar, nos refieren a las energías animales, instintivas y primigenias que se activan en el momento del parto. Debido a su nacimiento, se la honraba como diosa de los partos y se la invocaba para aliviar las enfermedades, miedos y dolores de ese momento.

Si avanzamos en la historia y exploramos su vida adulta, vemos aparecer las emociones propias del puerperio: la desconfianza, la soledad, e incluso el sentimiento de superioridad. Artemisa se mantuvo eternamente virgen y no envejeció, por lo que siempre fue un emblema de las doncellas jóvenes y de las Amazonas, mujeres libres, guerreras y empoderadas. Se resistía profundamente a depender de un hombre, negándose a ver que podrían alcanzar una relación simbiótica y complementaria con una pareja. Situaciones como esta suelen darle en los comienzos del puerperio, cuando las mujeres, empoderadas en nuestro rol materno y en plena vorágine hormonal, desplazamos a nuestra pareja pues buscamos vivir esta nueva etapa totalmente imbuidas en nuestro hijo, sintiéndonos además poco comprendidas e incluso sobreexigidas por este hombre que ya no tiene cabida en nuestro universo. A veces cuestionamos su competencia en temas de cuidado de los niños, lo mismo que a nuestras madres, suegras o amistades.

El único placer de Artemisa era la caza, por eso andaba siempre armada con un arco con el que cazaba a sus presas y a otros humanos que debía ajusticiar. ¿No les recuerda eso acaso a la sensación predadora que nos embarga cuando alguien intenta hacer daño a nuestro pequeños, o se comporta con ellos de una forma que no nos parece?

La diosa era reconocida por su genio explosivo y aunque velaba por la justicia, era en extremo vengativa. Se dice que una de sus venganzas más comunes era enviar la muerte a las mujeres que van a dar a luz, y también se le consideraba autora de las muertes repentinas e indoloras, como la muerte súbita. Sin embargo, su culto se expandió ampliamente por Grecia y buena parte del mundo antiguo, siendo asimilada como diosa de la fertilidad en Oriente.

La esencia, infusión o uso tópico de la Artemisa o Mugworth, trata todos los temas de la maternidad: los estados alterados de conciencia propios de la activación del cerebro primario, el mantener la calma ante situaciones límites, protege de la frustración y calma el dolor. Su arquetipo es la maduración, el progreso, la metamorfosis, y el aspecto lunar, en el sentido de los ciclos que se atraviesan en la vida.

En un estado de equilibrio y en el ámbito de la maternidad, Artemisa representa la mujer poderosa y conectada con sus instintos, que puede superar con templanza cualquier desafío que las circunstancias le imponen, pero cuando la Artemisa que llevamos dentro se polariza, podemos caer en ese estado de inmovilización, aislamiento y rechazo del entorno que no nos permite conectarnos con nuestra pareja e iniciar la paternidad juntos, nos indispone con quienes nos rodean y finalmente no nos permite madurar un manifestar todo nuestro potencial como mujeres – madres. Lo importante, antes de sacar el arco y la flecha, es aprender a reconocer nuestras emociones y abordarla con la sabiduría con la que haría una diosa del Olimpo.

 

Andrea Saunier S.
Mamá
Antropóloga – Terapeuta complementaria

Acerca del autor

Equipo de columnistas y colaboradores ocasionales de Mamadre.cl

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