Síndrome de Down: superando el miedo a la diferencia con flores de bach

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Por Andrea Saunier

Fundadora de Angelito de Mi Guarda 

“Si te abrazo, no tengas miedo” es un libro de Fulvio Ervas que relata el viaje en moto que realizan por América Andrea, un quinceañero autista y Franco, su padre. La historia es verídica: Andrea escasamente habla, pero el 2010 escribe en el computador una frase que insta a su padre, cual Homero, a elevar anclas y comenzar un viaje iniciático: “Soy un hombre prisionero de mis sueños de libertad. Andrea quiere curarse”. Imposible no conmoverse, imposible no pensar en el sentimiento de sus padres al leer eso.

Hace 5 años nació mi hija Sabina, diagnosticada con Síndrome de Down desde los seis meses de gestación. Autismo y trisomía 21, la denominación clínica del Down, no son la misma patología, pero enfrentan en nuestra sociedad similares prejuicios, obstáculos y oportunidades. Una sociedad culturalmente tan porosa que es casi multicultural, pero tremendamente cegada a la diferencia interna.

Son muchos además los padres de niños con autismo y Down que buscan apoyo en la medicina complementaria, y dicho trabajo y mi experiencia personal me han permitido acercarme a ambas experiencias de la diferencia. Agradezco al cielo los maravillosos encuentros que ésta me ha permitido concretar y que me conducen a las reflexiones que les comparto.

Como dice la psicóloga María José Gasc, no existen niños con necesidades especiales, como suele denominarse a las condiciones que les menciono, pues como individuos todos poseemos requerimientos particulares. Pero sí se advierte la diversidad en que estos pequeños y adultos se conectan con su entorno, desde puntos emocionales distintos al promedio de la gente. Desde la afectividad en el caso del Síndrome de Down, desde la perfección en el caso del autismo. En una visión diametralmente opuesta a la tradicional, que tiende a etiquetar ambas condiciones como patologías o padecimientos, sosteniendo firmemente la idea de la necesidad de una corrección de la situación del individuo.

En los diversos sistemas florales existen varias infusiones vibraciones para atender condiciones como el autismo y Síndrome de Down. En el sistema bachiano, Clemátide invita a las personas a conectarse con el entorno cotidiano y con el momento presente. Brote de Castaño conmina a aprender de la experiencia, en cosas tan sencillas como recordar saludar y despedirse, que el fuego quema, o qué actitudes son buenas y cuáles vulneran los derechos o la intimidad. Ambas esencias combinadas con otras flores caracteriológicas (adecuadas a la personalidad del individuo, o a otros signos o síntomas concomitantes) permiten adecuar un preparado floral al individuo.

Entre las esencias chilenas, Amancai es una flor que trabaja los bloqueos en el chakra de la comunicación, para quienes les cuesta verbalizar lo que quieren expresar, y trabaja el tema de la sociabilización fluida en el autismo, Asperger y cuadros de fobia social.

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En el sistema de Flores de California, que cuenta con alrededor de 400 esencias entre sus diversos subsistemas, el tratamiento se orienta a fortalecer la encarnación de estas almas en su cuerpo físico, reconociendo las potencialidades del mismo y tomando conciencia del aprendizaje que supone. Se disponen también a liberar los bloqueos energéticos que marcan una diferencia en la relación con el entorno (comunicación, aprendizaje, memoria, vínculos sociales). De forma que encontramos esencias como Angélica, que coopera en el reconocimiento y aceptación libre de la misión que el individuo viene a cumplir en esta vida y en su entorno; Lewisia, que fortalece la encarnación en los niños direccionando las fuerzas del alma al plano material, y que se recomienda su uso tanto en personas autistas como índigos, por tanto, con un fuerte trabajo espiritual; Madia, que fortalece la concentración (y que por tanto actúa muy bien si se mezcla con Brote de Castaño) o Bistorta, que se orienta al mismo objetivo; y Romero, que potencia la integración entre el cuerpo y el alma, y la sensación de “incomodidad en el cuerpo” que se ve en algunos casos de autismo. La flor del Almendro también se recomienda, en la medida que sostiene un desarrollo psicosocial, emocional y biológico sinérgico.

No es de extrañar que parte de las esencias mencionadas, especialmente las de California, forman parte de lo que se consideran los sistemas florales más espiritualizados, como Range of Light (proveniente del Valle Sierra de la Luz, en California) o Quintessentials. Esto se explica porque en el marco clínico de la terapia floral el autismo y la trisomía 21 se explican cómo encarnaciones vibracionalmente significativas. La primera, como consecuencia de individuos que no encarnaron totalmente en el cuerpo físico, y que constantemente buscan retornar a planos superiores, más sutiles, donde se sienten a gusto, y en el caso del Down, por entenderse como personas que se relacionan desde un plano totalmente emocional y transparente, desde el lenguaje del amor. Una posición bastante censurada en la sociedad racional actual.

De modo que en esta visión la terapia floral no contempla una pulsión del individuo a un canon de desarrollo físico, sicomotriz o intelectual ya definido, sino más bien acompaña al individuo al descubrimiento y aceptación de sus potencialidades. Confrontar esta posición con los programas de estimulación y educación destinados a las personas con autismo y trisomía 21 en la educación chilena nos lleva aún a preguntas más profundas. ¿Con qué molde estamos midiendo la salud en nuestra sociedad? ¿Cómo estamos definiendo lo sano de lo enfermo? ¿Con qué estereotipos cualificamos la diversidad?

La historia de Andrea y Franco nos plantea una opción valiente a la inclusión asistencialista de este tipo de personas. Ante la necesidad de que como padres, cuidadores o familiares busquemos la mejor forma de acoger a nuestros hijos con una condición particular en la sociedad, pido respeto. Respeto para quienes buscan formas tradicionales de inserción y respeto para los que creemos en tratamientos con una base más humanista, que se sostiene en la aceptación y libertad como base del desarrollo. Respeto para los padres como Franco, que quiso emprender su propio viaje personal y adentrarse al reconocimiento de ese individuo maravilloso que le fue dado como hijo y un viaje también profundo al conocimiento de su potencial como padre. Respeto para el sueño de una sociedad mandálica, donde la amenaza de la diferencia sea acogida como una oportunidad de conocernos.

 

 

Acerca del autor

Equipo de columnistas y colaboradores ocasionales de Mamadre.cl

1 comentario

  1. Monserrat Rivera Bork el

    Felicidades y muchas gracias ,por el aporte que significa, a quienes nos estamos instruyendo desde el punto de vista Biomédico y racional, acerca de lo que convencionalmente entendemos por trisomía 21 y Down…