El lado B de la lactancia materna

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Hoy les quiero hablar de algo que pocas nos atrevemos a contar, de eso que vivimos en silencio y soledad, y que quizás hablamos a lo sumo con nuestra almohada y una buena amiga que también sea mamá, hoy les quiero hablar del lado B de amamantar y de por qué creo yo, muchas madres desertan incluso antes de empezar y por qué muchas a medio camino comienzan a vivir un calvario más o menos silencioso, abandonándola a veces o sosteniéndola en el tiempo a pesar de sí mismas y su estado emocional.

Lo primero que les debo contar es que mi hijo y yo tuvimos lactancia prolongada, es decir, hasta después de los dos años y si bien en la raya para la suma puedo decir que fue para mí una experiencia placentera que salvó mi maternidad en muchos sentidos, también debo confesar que más de alguna vez me vi encerrada y atrapada en la imposibilidad de salir a ningún lado porque debía amamantar, sí, yo también me sentí poco más que un envase, cansada, delgada, siempre dando y entregando y rogando que algún día pudiera ser un poco más libre. Pero a la vez que estos sentimientos me embargaban y enloquecían, también creo que fue la lactancia la que me salvó de una depresión post parto, gracias a ella pude dormir, gracias a ella esquivé tantas pataletas y pasé sin estrés muchos momentos de llanto, gracias a ella nunca supe lo que era pasear por toda la habitación a mi hijo para dormirlo, gracias a ella nunca me preocupé cuando enfermaba y no comía porque siempre tomaba de la leche de mamá… pero gracias a ella también estuve al borde de la locura cuando todo era andar con los pechos al aire y nada más…

Y es que amigas mías en la maternidad y la crianza nada es como lo pintan en las propagandas, ni todo son espinas ni todo son rosas, vamos en una montaña rusa de emociones en donde dar el pecho puede ser al mismo tiempo el cielo y el infierno, y ojo, no me refiero acá que sea mejor dar leche de fórmula, en lo absoluto, tampoco es malo, simplemente es, y creo que la clave está en hacer aquello que nos acomode más, les digo esto porque hace poco me sorprendí diciéndole a una amiga que tiene a sus segundo bebé de pocos meses de vida “tus hijos necesitan una madre sana y feliz, emocionalmente estable, no una madre que se sacrifique por dar el pecho llena de culpas y contrasentidos”, claro su caso es especial porque está enferma y posiblemente deba destetar antes de lo que soñó, pero no es menos cierto que antes de eso la he escuchado rogar por ponerle horarios a su hijo, que la he visto llorar porque resultó ser que la libre demanda no la deja respirar y la he visto sonreír orgullosa con cada control médico y el excelente peso y talla de su bebé y una salud de hierro que lo llevó a pasar un invierno de ensueño…

Ni blanco ni negro, sino una amplia escala de grises, o si prefieren un enorme arco iris multicolor, así es la maternidad, así es amamantar, así recuerdo a otra querida amiga que al año de vida destetó a su hijo porque no soportaba su cuerpo, porque estaba con tantos kilos demás que se avergonzaba de sí misma escondida bajo anchas ropas sin querer mirarse al espejo, es a esa misma mujer a quien acompañé y apoyé, a quien hoy veo luchar y amamantar con una dieta de exclusión alimentaria por la alergia que presenta su segunda hija, más de un año de lactancia alejada de casi todo el mundo social por no poder comer lo que los demás.

¿Amamantar o no amamantar? No, de eso no se trata este artículo, sino de mostrarles la realidad y que entiendan que cada cosa que hagamos en la crianza debemos procurar hacerla con placer, si la lactancia se te vuelve una tortura y das pecho casi con rabia-como le pasó a una tercera amiga- quizás sea mejor destetar, pero si pasas como pasé yo por luces y sombras, grises y multicolores entonces amiga quizás debas buscar más ayuda, hacerte el camino más flexible, poner horarios, usar chupete, salir de vez en cuando, dejarlo con papá, congelar leche y que él se la de… no sé, busca tu propio ritmo, eso que te haga sentirte feliz por las mañanas, busca un punto de equilibrio, y por último, si amamantas y te cansa y aburre a veces, date permiso para como decimos en Chile ‘el sagrado derecho a pataleo’, no te mientas a ti misma y confiesa ante ti y los demás que a veces no quieres más, ¿porque sabes? He llegado a pensar que lo que nos cansa de la maternidad no es amamantar, ni mudad, ni dormir poco o ir al baño siempre acompañada, lo que nos cansa es tratar de siempre aparentar ser la madre ideal y perfecta ante los demás, incluso ante nosotras mismas, suelta tus expectativas y fluye nada más que así como las penas se pasan con un buen vino junto a las amigas, los altos y bajos  de la maternidad se llevan mejor con un buen té y un minuto de confianza con las amigas madres.

Vivamos la lactancia como es, hermosa y desafiante, y tratemos de que así como es lo mejor para el bebé también sea lo mejor para la madre, pero antes todo amigas, vivamos una maternidad en libertad, sin culpas ni expectativas, y así como nosotras soñamos con que nadie nos critique nuestra forma de criar, tampoco critiquemos a las demás, de pecho o fórmula, porque finalmente todas somos mamás.

Abrazos de luz a todas las madres que hoy amamantan y busquen vivir una lactancia feliz por ti y tu bebé

Tara

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