Depresión posparto: la cara más amarga de la maternidad

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Por Gema Lendoiro

Cuando nace un bebé toda la familia vuelca su atención en él. Algo lógico si tenemos en cuenta que un recién nacido no sabe hacer prácticamente nada por sí mismo. Aunque resulte obvio decir que cada vez que nace un bebé, también nace una mamá, casi siempre esta pasa a un lugar muy secundario. La falta de información que la mayoría de las madres tiene sobre qué significa tener un hijo desde un punto de vista emocional, hace que muchas se vean inmersas en un bucle de sentimientos, a veces negativos, que pueden, incluso, hacer que estas rechacen a su bebé. Y, en casos muy graves, pueden hasta dañarlo.

Cada vez sabemos más de la conexión cerebral que se establece desde el embarazo entre la madre y el bebé, de la importancia que tiene tener un parto tranquilo, sin gritos y con la mínima intervención posible por parte del obstetra (solo cuando sea realmente una necesidad médica). Cada vez, valoramos más los partos respetados, la poca separación o nula entre madre y recién nacido, y evitar, lo que se pueda, las inoportunas visitas de media familia en la habitación queriendo coger al bebé y opinando de todo. Todo esto hace que las cosas transcurran tal y como la naturaleza las ha diseñado. España todavía está a medio camino en la atención perinatal a la mujer y dicha atención resulta, según la mayoría de los expertos, fundamental a la hora de prevenir depresiones posparto, dolencias mucho más normales de lo que creemos y con una relativa fácil solución si se toman las medidas adecuadas y necesarias.

Pero, ¿qué es exactamente la depresión posparto? Muchas nuevas madres no saben reconocer sus síntomas, lo que hace que puedan empeorar. Irene García Perulero, bióloga y autora del curso online, puerperio feliz, explica que es “un tipo de depresión que puede ser moderada o intensa y que se produce en los 12 primeros meses tras el parto, generalmente de forma más frecuente a partir del tercer mes, aunque puede aparecer inmediatamente después del nacimiento del bebé”. La causa exacta de la depresión posparto se desconoce, pero “es muy probable que tanto factores biológicos – la predisposición genética o los cambios hormonales que se producen con la gestación, el parto y durante la lactancia – como factores socioculturales sean responsables de esta condición”, sostiene.

La bióloga nos recuerda que nuestra condición mamífera “implica que situaciones como el embarazo, el parto o la lactancia producen cambios fisiológicos en nuestro organismo y cambios neuroendocrinos que inciden en nuestra respuesta tanto física como psicológica frente a la maternidad”. Además, “los factores socioculturales son los que probablemente tienen un mayor peso en el desarrollo de una depresión posparto. Los partos en los que se interviene el proceso fisiológico sin motivo médico – usando oxitocina sintética para acelerar el parto –; el aislamiento en el que vivimos la mayoría de las madres durante los primeros meses de vida de nuestros hijos; las dificultades que nos encontramos cuando queremos dar el pecho; la inestabilidad laboral; las bajas maternales cortas y la presión del entorno en relación con el estereotipo de lo que debe ser una buena madre pueden afectar”, agrega la experta. “Todos pueden hacer que la maternidad se convierta en una carrera de obstáculos que puede influir en el desarrollo de una depresión”, explica.

Se puede evitar

Perulero cree que no hay que empezar a prevenir la depresión posparto en el paritorio sino mucho antes. “Lo primero sería conseguir que la maternidad fuera siempre una elección libre”, reclama. En los países occidentales el número de partos prematuros y bebés de bajo peso aumenta cada año, a pesar de la buena calidad de vida y la salud de la que gozamos en el primer mundo. El estrés relacionado con la maternidad es, según los expertos, “el principal problema a la hora de disminuir el número de bebés pretérmino y nos da una idea de cómo está tratando la sociedad a las madres”. La experta está convencida de que “la prevención de la depresión posparto empieza por permitir un entorno en el que las mujeres se sientan seguras, en especial cuando van a convertirse en madres”.

“Permitir que las condiciones en las que el embarazo, el parto y la crianza se desarrollan se acerquen a las condiciones en las que la naturaleza seleccionó estos procesos, sin despreciar los avances médicos, es imprescindible para mejorar las condiciones en las que las mujeres nos enfrentamos a los cambios producidos por la maternidad”, según explica la bióloga. Es fundamental, según la experta, que “los partos sean no intervenidos, que se proteja el derecho a la lactancia y a la crianza y proporcionar a la madre un entorno en el que pueda convertirse en madre sin tener que agobiarse porque la van a despedir o tiene que dejar a su bebé de 16 semanas con un extraño. Son acciones sencillas que pueden disminuir el riesgo de padecer una depresión posparto”.

Por supuesto en esta serie de medidas está incluida la cada vez más visible violencia obstétrica, que conlleva un número elevado de cesáreas innecesarias, inducciones, episiotomías o partos instrumentales a los que estamos tan acostumbrados, y que desoyen por completo las recomendaciones de la OMS, tienen un impacto altísimo en la salud física y mental de las mujeres. “La falta de protección del derecho a amamantar o mitos como que el bebé duerme toda la noche, contribuyen a empeorar la forma en la que las madres vivimos la maternidad. Por supuesto las condiciones económicas y emocionales de las mujeres inciden directamente en su salud. Y sin duda la soledad es un factor determinante”, recuerda Perulero.

Que no te separen del bebé

Tanto el parto como la crianza son procesos fisiológicos complejos, de los que aún nos queda mucho que descubrir, en los que intervienen neurotransmisores como la oxitocina, que están directamente implicados en la regulación del estrés, así como en la formación de vínculos y en la salud tanto física como mental. “Nuestra especie está preparada para parir y amamantar a las crías, generando para ello grandes concentraciones de oxitocina, la oxitocina es fundamental en todos los procesos sexuales humanos y está directamente relacionada con los estados depresivos, entre otras patologías psicológicas”, explica Perulero, “por lo tanto los partos intervenidos”, continúa, “la separación del bebé, la ausencia de lactancia y de contacto piel con piel sobre todo en los primeros momentos, producen un desequilibrio en los circuitos oxitocinérgicos, que además están relacionados con los circuitos neuronales que regulan la recompensa a través de la dopamina”. Interrumpir el flujo de oxitocina durante el parto o en los momentos posteriores “puede producir respuestas de neurotransmisores relacionados con el estrés, todo el complicado balance neuroquímico se descompensa”, sostiene.

La madre y el bebé están programados para no interrumpir el contacto. El bebé es un mamífero y necesita estar en contacto con su madre constantemente, pero la madre también lo es y su cuerpo está diseñado para activar una respuesta fisiológica concreta por lo que “si esta respuesta se interrumpe, la adaptación fisiológica a la nueva situación es más costosa, más estresante y puede afectar no solo al niño, sino también a ella”.

QUÉ HACER CON UNA MADRE CON DEPRESIÓN POSTPARTO

Lo primero es diagnosticarla. Irene García Perulero, bióloga, reconoce que, “a las madres no nos hacen mucho caso, así que es probable que las depresiones posparto estén bastante infradiagnosticadas”.

Una vez detectado el problema, lo primero sería intentar que la madre recupere cuanto antes las condiciones que la naturaleza ha previsto para que la maternidad se desarrolle de forma óptima. Uno de los grandes errores que se producen cuando se diagnostica una depresión posparto es decirle a la madre que tiene que destetar, cuando la realidad – explica Perulero- “es que la oxitocina que se produce durante la lactancia ayuda a superar este tipo de situaciones y reduce el riesgo de padecerlas y existen muchos medicamentos indicados para tratar la depresión que son compatibles con la lactancia”.

Recomendar el contacto piel con piel con el recién nacido, el colecho y otro tipo de comportamientos que ayudan a elevar los niveles de oxitocina (comportamientos maternales, como acunar, cantar al bebé, acariciarlo…) también son buenas medidas para minimizar los efectos de una depresión posparto.

Y por supuesto el apoyo emocional es imprescindible, “la depresión siempre es una enfermedad social, la nueva madre debe sentirse acompañada, apoyada y querida para superar cuanto antes la enfermedad”, sostiene.

No dejar a la madre sola. “La maternidad en occidente se vive en total aislamiento, metidas entre las cuatro paredes de nuestros pisos con la única ayuda de nuestra pareja y a veces ni eso”. El ser humano es un primate social, necesita al grupo para sobrevivir, pero los seres humanos vamos aún más allá. “La gran diferencia entre los seres humanos y nuestros primos los chimpancés o los gorilas es que los seres humanos necesitamos criar en grupo, la maternidad humana es cooperativa y nunca hasta ahora las mujeres habían criado a sus hijos sin la ayuda y el acompañamiento de otras mujeres”

Los países nórdicos, que siempre sacan las mejores notas en cuestiones de maternidad y derechos de las mujeres, tienen políticas socio-sanitarias que protegen la maternidad. Partos respetados, protección del derecho de lactancia, bajas maternales largas y protección del puesto de trabajo y de la independencia económica, apoyo social…todo lo que se necesita para que la depresión posparto se convierta en un tema anecdótico y que afecte a muchas menos mujeres en un momento tan importante de la vida y que va a condicionar no solo su salud futura, sino también la de sus hijos.

Fuente: El País

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