La verdad oculta tras el déficit atencional

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“Rotular a niños con el supuesto trastorno del déficit atencional aumenta la subvención escolar hasta casi 3 veces… ¿El gran negocio de los colegios?”

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ADVERTENCIA:  Si su hijo/a está consumiendo algunas de las drogas que acá mencionaré, NO se las quite de forma abrupta. La desaparición repentina de los fármacos psiquiátricos puede ocasionar efectos incontrolables y graves. El proceso de retiro de éstos es complejo, lento y requiere de una serie de autocuidados y observaciones supervisadas por expertos. Si decide retirar la/s droga/s de su hijo/a consulte previamente a un especialista. ——————————

Muchas veces los padres y madres creemos ciegamente en la información que nos entregan los profesionales de la salud, así cuando diagnostican a nuestros/as hijos con el supuesto Déficit Atencional, no dudamos en administrarles las drogas suscritas confiando en que nos ayudará y que nuestro pequeño/a se adaptará mejor al sistema, sin sospechar el enorme daño que les hace a nuestros niños y niñas en su sistema nervioso central y desarrollo cerebral y sin imaginar el negocio que tras estos fármacos existe.

Por ello en Mamadre investigamos por ti y en este artículo te contamos lo que NO sabes sobre el déficit atencional y los fármacos que le dan a tus hijos/as, sus efectos desconocidos, el negocio de los colegios y más.  

El metilfenidato (MFD), los hechos desconocidos

La droga más utilizada como primera línea de acción en el déficit atencional es el metilfenidato (MFD), derivado de la anfetamina. En Chile, se comercializa principalmente como Ritalín y Aradix. El MFD pertenece al grupo de drogas llamadas psicoestimulantes, drogas que, al afectar el sistema nervioso central, aceleran las funciones del cuerpo y alteran el estado de ánimo de la persona, produciendo euforia.

Es contradictorio que, si bien los psicoestimulantes estimulan, se utilicen para calmar a los/as niños/as diagnosticados con TDA/H, con el fin de que puedan responder a las exigencias del medio. Los científicos, simplemente, dicen no saber por qué pasa eso. A su vez, dos de los grandes expertos críticos al TDA/H, el Dr. Peter Breggin y Ginger Ross Breggin indican que esto se debe a las dosis: independiente de si lo use un/a adulto/a o un/a niño/a, dosis bajas producen calma y dosis altas estimulación.

Entre el grupo de los psicoestimulantes se encuentran drogas como la cocaína, metanfetamina y las anfetaminas (las dos últimas suelen ser usadas para “tratar” el TDA/H), con las cuales el MFD comparte prácticamente los mismos efectos clínicos, pautas de abuso de las drogas, estructura molecular (y neuro-farmacológica) y su manera de funcionar en el cerebro, tal como indica la misma Asociación Psiquiátrica Americana (APA). De hecho:

Un adulto con criterio formado podrá elegir si consumir o no drogas de ese calibre, pero evidentemente no es lo mismo aquello que imponérselas a un/a niño/a que no cuenta con la autonomía mínima para tomar una decisión así.

La excusa para ello es que el MFD cumpliría un “efecto terapéutico” sobre el supuesto “trastorno”, logrando que los/as niños/as que lo “padecen” puedan concentrarse mejor, estar más tranquilos en clases y, por ende, mejorar su rendimiento escolar. Sin embargo, no existe ninguna evidencia clara de que el MFD produzca las mejorías que promete. El National Institutes of Health (NIH) de EEUU, luego de un seminario donde se debatió el tema entre muchos/as expertos/as, concluye que “hay poca mejoría en el desempeño escolar o en las relaciones personales”. La situación es tan lamentable que, incluso, un estudio que siguió a 15.000 niños/as drogados/as con metilfenidato mostró que éste empeora el rendimiento escolar.

Por el contrario, la evidencia muestra que el metilfenidato produce efectos muy similares en todos/as los/as niños/as, tenga o no “diagnóstico” de TDA/H. Eso cuestiona de raíz el supuesto “efecto terapéutico” que promete: todo/a niño/a que consume la droga tiende a ser más obediente y a estar concentrado en tareas más aburridas, volviéndose mucho más fácil de controlar para el adulto y, cuando se acaba el efecto, vuelve a ser el mismo. Es el conocido “estado zombi” producido por la droga que cualquier persona puede ver en un/a niño/a que la usa, tendiendo a aislares y perdiendo considerablemente su capacidad de generar vínculos significativos con los demás. Eso, por supuesto, le facilita mucho las cosas al adulto, cuyo verdadero motivo para promover el uso del metilfenidato puede ser su propia tranquilidad y necesidad desesperada de controlar al/a la niño/a.

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 Un hecho extremadamente importante es que los científicos, simplemente, no tienen idea de cuál es exactamente el mecanismo de acción del MFD (y en realidad cualquier droga) en el cerebro y, por ende, por qué genera los efectos que genera. Sólo se especula y se tienen teorías que no han podido ser demostradas mínimamente según los estándares de la ciencia. Eso lo admiten absolutamente todos los textos especializados medianamente serios, estén a favor o en contra de la droga. Podríamos decir, entonces, que lo que se hace con el/la niño/a cuando se le da metilfenidato es experimentar con él/ella, probando, sólo por el mero azar, si la droga funciona o no funciona y los efectos que produce.

En contra de toda lógica, el MFD se comenzó a utilizar con fines médicos antes de que se describiera el supuesto “trastorno”, antes de saber qué era exactamente lo que “curarían” con la pastilla. Esta situación tan absurda deja de ser extraña si consideramos la posibilidad de que, en realidad, lo que importa es vender una pastilla como sea y no “curar” enfermedades. En realidad, esa es una práctica muy común en la medicina actual, conocida por todo quien esté medianamente introducido en el tema.

Un adulto rígido y autoritario podrá decir: “bueno, por algo será que se usa tanto el MFD”. Entonces habría que decirle que es cierto, que se usa mucho en Chile, que “misteriosamente” los niños chilenos estigmatizados con el TDA/H subieron, en un año, de 7.940 en 2011 a la impactante cifra de 28.095 en 2012 (eso considerando sólo los registrados, probablemente sean muchos más) y que ese apabullante aumento coincide, “justo”, con que rotular a niños con el supuesto “trastorno” aumenta la subvención escolar hasta casi 3 veces, de $51.138 a $ 141.746. Esto transforma al TDA/H en un poderoso negocio para los colegios y ensucia completamente, con claros intereses de lucro, la toma de decisión en torno a si drogar a un/a niño/a con el supuesto “trastorno”.

No está demás indicar que, además del lucro de los colegios basado en la drogadicción masiva de niños, los principales beneficiarios son las empresas farmacéuticas que lo comercializan en Chile: se estima que en Chile el metilfenidato es el quinto “remedio” más usado en consultorios y postas. ¿Hablamos de salud o de negocios?

Los riesgos, los hechos desconocidos

Lo que sí se ha documentado bastante bien en torno al MFD es que puede producir “efectos no esperados” considerables, incluso efectos que se supone la droga combate y/o contradictorios entre sí. Destacan: muerte súbita, pensamiento suicida, daño cerebral (especialmente cuando se utiliza por mucho tiempo), conducta estereotipada (actividad simple, repetitiva y aparentemente sin sentido, propia de las personas con daño cerebral), estancamiento en el crecimiento (incluyendo el crecimiento del cerebro), encogimiento cerebral (especialmente en adultos que ha usado la droga por mucho tiempo), tics motores (pueden producir deformaciones permanentes) y/o verbales, desatención, hiperactividad, depresión, creer cosas que no son ciertas (paranoia), nerviosismo, ansiedad, insomnio, somnolencia, dependencia, dolor de cabeza, cansancio excesivo, convulsiones, dificultades en el habla, visión borrosa, desconfianza, ánimo anormalmente emocionado, cambios de humor, agresión y alucinaciones, entre varios más.

El metilfenidato es adictivo, por lo que la Administración de Drogas y Alimentos de EEUU (la instancia encargada de aprobar las drogas y alimentos que salen al mercado) obligó a que el Ritalin diga en un recuadro que destaque, que el fármaco es “una sustancia controlada por la Administración puesto que se puede abusar de ella y crear dependencia. Mantenga el RITALIN en un lugar seguro para evitar su mal uso y abuso”.

Muchos/as niños/as empeoran con el uso de la droga, ya que su cuerpo no la recibe bien o les produce síndrome de abstinencia. Cuando eso ocurre, normalmente los “especialistas” no consideran la posibilidad de que sea la misma droga la que ocasiona el mal. Lo que hacen, fuera de toda lógica, es atribuir ese empeoramiento a la supuesta “enfermedad” u otras que podrían estar aflorando, indicando que la solución consiste en dar más drogas, subir la dosis y/o cambiarla por otra aún más fuerte. Eso aumenta todavía más el riesgo de “efectos no esperados”, producto de las posibles interacciones toxicas entre las distintas drogas en el organismo. Esa es la explicación de por qué muchos hemos podido ver la dolorosa experiencia de niños menores de 10 años consumiendo 4, o incluso más, psicofármacos al mismo tiempo.

Hoy, muchos niños en EEUU han comenzado un verdadero tráfico de pastillas de MFD en los pasillos de sus colegios, dándolas a niños que las usan sin ningún tipo de supervisión y a espaldas de los adultos. De ahí que se haya documentado que el metilfenidato puede ser la droga de entrada para otras drogas de calle peligrosas, como la cocaína.

Como si todo esto fuera poco, los efectos a largo plazo del uso del MFD son, simplemente, desconocidos. No existiendo una cantidad ni siquiera considerable de estudios al respecto.

El problema

No se ha podido establecer la causa biológica del TDA/H. Al no conocerse la causa biológica, el metilfenidato NO cura el “trastorno” según los términos aceptados por la medicina actual, limitándose a ocultar los “síntomas” conductuales (hiperactividad, impulsividad, no poder concentrarse en un solo punto) y sometiendo a los/as niños/as a todos los riesgosos “efectos no esperados” que he mencionado. Eso mientras lo que podría estar ocasionando realmente los sufrimientos en el/la niño/a puede estar empeorando al no recibir intervención alguna. Así, el MFD funciona como un poderoso acallador de los verdaderos problemas de los/as niños/as, que normalmente no residen dentro de ellos/as sino en sus padres/madres, maestros, pares y/o circunstancias de vida.

Peor aún si el/la niño/a, en realidad, no tiene ningún problema y, simplemente, lo que se mal entiende como TDA/H es su forma de ser o el hecho de que el colegio le parece aburrido.

Si consideramos que la droga no cura el trastorno, oculta los verdaderos problemas y que su uso presenta riesgos graves, la conclusión lógica y ética que propongo es: NO de metilfenidato a su hijo/a. Esto porque el riesgo de consumir el fármaco es muchísimo mayor a los supuestos beneficios.

De esa forma, es necesario considerar otras maneras de abordar el tema, que sean más seguras y que permitan, efectivamente, enfrentar los sufrimientos de los/as niños/as que caen en el estigma del TDA/H. En mi siguiente artículo abordaré, de lleno, esas alternativas.

Gonzalo Carrère Valdés
Psicólogo
Director Ejecutivo en FUNDACIÓN DIFERÉNCIATE CHILE
gonzalo@diferenciatechile.cl

Acerca del autor

Equipo de columnistas y colaboradores ocasionales de Mamadre.cl

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