Cuerpo y autoestima en la adolescencia

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Por Carolina Sances, Psicóloga Infanto-Juvenil

 

Vicente de 13 años, hoy le dijo a Lorena, su mamá, que no quería volver a jugar fútbol, que ahora lo aburría. Lorena se extrañó, porque a él siempre le había gustado mucho este deporte, pero Vicente no quiso contarle lo que en realidad le sucedía: después del partido de la mañana, se estaba vistiendo en el camarin junto a sus compañeros de equipo, todos más o menos de la misma edad que él, cuando se dio cuenta que su cuerpo era muy diferente al de la mayoría de ellos. Reparó que era mucho más bajo y delgado que sus compañeros, sus genitales eran más pequeños, casi no tenía vellos en su cuerpo, en fin, que éste era casi el mismo que tenía cuando niño. Se sintió muy avergonzado, así que se vistió rápido y se fue a su casa.

Algo similar le sucedió a Amalia de 12 años, cuando se sintió extraña y angustiada, al ver por casualidad su reflejo en una vitrina y darse cuenta que su cuerpo ya no era el mismo. Sus formas más redondas, sobre todo en sus caderas, no le gustaban y la hacían sentir menos agraciada que sus compañeras que se veían más delgadas.

 

La ansiedad que viven Vicente y Amalia con respeto a su cuerpo es muy común en la pre-adolescencia y adolescencia, ya que es una etapa donde en general existe una gran preocupación por el cuerpo, sus cambios y por el grado de aceptación que la propia apariencia despierta en los pares. De hecho, la aceptación del grupo de pares, al igual que el aspecto físico, son dos elementos que tienen especial relación con la autoestima en éstas etapas.

Y esto es así especialmente en una sociedad como la nuestra, donde existe un culto al cuerpo y una sobrevaloración de un tipo definido de belleza, convirtiéndose en una gran presión que interfiere el proceso normal de desarrollo de la imagen corporal de los adolescentes.

Esta sociedad que valora y fomenta una mujer delgada, dificulta el proceso de niñas como Amalia que, como algo normal de la pre-adolescencia, ve cómo su cuerpo acumula grasas, para dar paso a formas corporales más redondeadas. Y esta sociedad que valora un hombre de tamaño superior y de apariencia más corpulenta, dificulta el proceso de niños como Vicente, que tardan más en su proceso de desarrollo corporal, manteniendo por más tiempo su cuerpo infantil.

 

No es de extrañar entonces que varios estudios coincidan en que son los pre-adolescentes quienes presentan una imagen corporal más negativa. Esto tiene una importancia radical si recordamos que en la pubertad comienzan las preguntas acerca de quién soy, cómo soy y cómo me ven los otros y, en la búsqueda que van haciendo nuestro/as hijo/as para responder esas preguntas, la imagen corporal es fundamental.

 

De hecho, los padres de pre-adolescentes y adolescentes, sabemos el tiempo que invierten nuestro/as hijo/as en su apariencia física, eligiendo determinadas prendas de vestir, maquillajes, peinados, gestos, maneras de hablar, expresiones faciales y posturas. Y es que el cuerpo es el que “anuncia” quién y cómo soy yo, qué me interesa, qué rasgos de carácter tengo, cuáles son mis conflictos emocionales, mis ideologías sobre el mundo, etc.

 

¿Cómo influimos los padres en la Imagen Corporal de nuestro/as hijo/as?

Antes que nada es necesario aclarar que cuando me refiero a Imagen Corporal, estoy hablando de algo muy distinto a la estructura física real, como si soy moreno, rubio, flaco, gordo, alto,  bajo, etc.

La Imagen Corporal se refiere a la representación mental que tenemos acerca del tamaño y la forma de nuestro cuerpo, es decir, cómo lo vemos, cómo creemos que los demás lo ven, cómo nos sentimos con respecto a nuestro cuerpo y cómo actuamos con respecto a él.  De hecho, la estructura física real de una persona, puede ser muy diferente a la imagen corporal que tenga, incluso pueden ser contradictorias como sucede, por ejemplo, en quienes sufren Anorexia Nerviosa. Asimismo, si tenemos una imagen corporal positiva, podemos sentirnos atractivos, más allá de la estructura real que tenga nuestro cuerpo.

Y es aquí cuando el rol que jugamos los  padres se torna fundamental, ya que esto tiene menos que ver con la estructura real de su cuerpo, que con cómo nosotros hemos tratado su cuerpo y qué sensación le transmitimos de él.

Cuando un/a niño/a, desde su primera infancia siente que sus padres miran su cuerpo con agrado y ternura y se relacionan con él de manera cercana, cariñosa y cuidadosa, escuchando y validando sus sensaciones, respetando sus ritmos, sus necesidades, etc., contribuirán enormemente a que su hijo/a tenga una imagen corporal positiva y aprenda a aceptar, valorar, querer, cuidar, respetar y escuchar su cuerpo.

Y en este sentido, el discurso que tengamos acerca de nuestro propio cuerpo, también tendrá un gran peso sobre el que nuestro/as hijo/as tendrán acerca del suyo. Entonces, los invito a mirar el video posteado en el comienzo de este artículo y hacernos las siguientes preguntas:

¿Cuántas veces has criticado las formas de tu propio cuerpo delante de tu hij@?, ¿recuerdas la última vez que le dijiste cuánto te gusta o cuánto valoras determinada parte de tu cuerpo?, ¿sabes qué parte de tu cuerpo te gusta y valoras?, ¿cuántas veces has criticado el cuerpo de una persona con sobre peso delante de tu hijo/a?, ¿le celebras a tu hijo/a su belleza física, por sobre sus talentos, valores y otras cualidades?, ¿fomentas en tu hijo/a una actitud crítica hacia los modelos estéticos imperantes?, ¿le estamos dando más importancia a la belleza física que a cuidar el cuerpo manteniendo un estilo de vida saludable?

Hacer nosotros mismos éste ejercicio nos ayudará enormemente a poder guiar y acompañar los procesos de lidiar con los cambios físicos de nuestros hijos, en esta gran etapa de sus vidas. Poder compartir lo que sentimos sobre nuestra imagen corporal, aceptarnos y amarnos y mostrarles con el ejemplo el real valor que tiene para nosotros, potenciar una alimentación saludable más que un estricto numero de kilogramos que tener, conversar con ellos acerca de cómo se sienten con respecto a sus pares y con respecto a lo que les gusta o no de su cuerpo, es vital para un desarrollo armonioso de los cambios que van a ir teniendo en ésta etapa.

Les propongo que hagamos un cambio en la crianza, ayudando a los niños/as a liberarse de las exigencias sociales, de las presiones estéticas, de las angustias por no responder a un modelo ideal. Enseñémosles a quererse, a cuidarse, a gustarse y a saber que su atractivo y el de los demás va muchísimo más allá de lo que pueden mirar en el espejo. Partamos entonces, por liberarnos a nosotros mismos. Seguro ya nos hemos dado cuenta de cuan difícil y angustiante puede ser vivir atrapados en la exigencia de responder a mandatos sociales y cuan liberador puede ser soltarlos. Reconciliémonos con nuestros cuerpos para que nuestros hijos puedan amarse más allá de ellos!

 

 

 

 

 

Acerca del autor

CONTACTO: carolina.sances@gmail.com .
TWITTER:@carolasances .

Consulta particular, talleres para niños y adolescentes y charlas y talleres para padres —–

Soy mujer, mamá de dos y psicóloga clínica, especialista en niños y adolescentes.
Interesada en la difusión de temas de infancia y adolescencia, busco acercar los conocimientos de la psicología a los padres, con el fin de apoyarlos y que logren confiar en sus propias capacidades, en la tarea de criar a sus hijos. Esto, en una sociedad donde la dificultad de hacer tribu, torna muy difícil hacerlo de manera respetuosa y consciente.

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