Carta a las madres que dan leche de fórmula

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Soy de esas madres que muchos y muchas denominan “talibana de la teta”, nunca me han preguntado mi historia, ni por qué aún doy el pecho a mi hijo, ni mucho menos me han preguntado si me gusta que le digan teta a mis pechos, que dicho sea de paso, no me gusta… Pero no quiero hablar hoy a quienes me critican o juzgan, sino a las madres, a las madres que por la razón que sea dan leche de fórmula, sin importar la edad, porque sé que a ellas, al igual que a mi, las discriminan y etiquetan por no priorizar la lactancia materna. Hoy quiero contarte a ti, mamá que das el biberón porque yo doy pecho aún.

No doy el pecho porque la OMS lo diga, no doy el pecho porque facilite el apego seguro, no doy el pecho incluso hoy hasta los tres años de mi hijo porque esté pensando en que va a ser más inteligente, y no, no doy el pecho para creerme superior a las demás y demostrar el tipo de madre que soy, y tampoco doy el pecho porque sea una mujer enferma, sexualizada que no quiere soltar a su hijo y quiere tenerlo siempre pegado a ella… Doy el pecho porque es lo que me salvó de la locura de la maternidad, sí, locura de la maternidad, porque vamos, no nos sigamos mintiendo, ser madres, volverse madre nos sume en una locura atemporal, con más o menos apoyo, con o sin pareja, con o sin trabajo, todas creemos que perderemos la cabeza en más de una ocasión, y yo cuando estaba a punto de perderla por las largas noches sin dormir y los días en vigilia con un bebé que dormía poco y se negaba a volver a la cuna, descubrí, o más bien mi madre y el padre de mi hijo me hicieron aferrarme a la lactancia con todo mi ser, porque ellos veían y sabían que así mi bebé se calmaba pronto, dormía más, estaba de mejor humor y yo a su vez, durmiendo con él en las noches y dando pecho a libre demanda, me iba saliendo poco a poco de la oscuridad  en que parecía haberme sumido en los primeros meses de puerperio.

Yo sé que a muchas el dar el pecho las enloquece, en los hechos o de solo pensarlo, pero a mi, al contrario que ustedes me enloquecía dar mamadera. Hay mujeres que son metódicas y ordenadas, siempre, en todo lo que hacen y lo son más aún cuando se convierten en madres, he conocido piezas de bebés que parecen de comercial, todo bien ordenado, definido, muchas mamaderas ya preparadas, todo dispuesto en pocillos y potes, y debo confesar que las admiro profundamente, porque yo no soy una de ellas, siempre le digo a mi madre, medio en broma, medio en serio, yo soy un poco floja mamá, no me imagino levantándome a las 4 de la madrugada para entibiar la mamadera y dársela al bebé, me vuelvo loca, ni tener la leche guardada o desinfectar pulcramente las mamaderas y esterilizar, y el agua tibia, la temperatura exacta, y darla de la forma correcta… No, yo eso no podía hacerlo, porque se me daba tan pero tan difícil, salir siempre con la mamadera lista por si les da hambre, o ir a comprar de noche la leche que se acabó porque lo olvidaste, que se te apriete la guata porque cambiaste de marca y ver si a tu hijo le gusta o no, son cosas que yo no he vivido, cosas que admiro en ustedes que no dan el pecho, porque creo que el camino se les vuelve más difícil y más duro que a mí.

Y no, no es que amamantar sea fácil, no lo es, a veces muerden y por Dios que se te pasa todo lo Santa madre, a veces los pezones se agrietan, hay momentos que no quieres que te baje la polera para tomar leche, y sí de noche     es agotador a ratos, pero lo cierto es que, sin la lactancia materna no sería la madre que soy, porque yo doy pecho porque lo disfruto y él también, porque sí, me facilita la vida cuando enferma y no quiere comer nada, porque siempre quiere tomar solo su leche, y sé que con eso bastará hasta que recupere el apetito, porque cuando de bebé me atrasaba y nos daba la hora de la cena en la calle sabía que mi pecho le aliviaría el hambre, y porque vamos, también es cierto que cuando todas las estrategias fallan en una pataleta, amamantar es la salvación, y también mi leche ha sido la que le ha curado heridas, la que le ha despegado los ojitos, la que me ha permitido dormir 6 hrs diarias desde los 3 meses, y aunque toma de noche aún, eso no me cansa, hemos creado nuestro sincrónico baile, una danza que nos llena a ambos, así como de bebé no dejaba de tomar hoy puede pasar todo un día sin ella, es nuestra conexión y nuestra salvación, no sé cómo será el destete, por ahora no me lo quiero preguntar, pero sí sé que lo más duro de mi lactancia ha sido la crítica de los demás, las miradas feas, o las mujeres, madres que me ven y me tratan casi de enferma, de india, de fundamentalista, de loca, y etiquetan a mi hijo de mamon, de poco libre, de demasiado dependiente, y se enfrascan en demostrar que los autos que toman leche de fórmula son más independientes, que aprenden más rápido, y son más normales…. ¿Para qué hacemos esto mujeres, para qué?

Cada vez que se habla sobre la lactancia y sus beneficios alguna polémica se arma, como si fuéramos enemigas, peores o mejores madres, y es ahí cuando salen los datos duros, es que la OMS dice, es que las neurociencias, es que Maturana amamantó hasta x edad… No creo que exista una sola fórmula para criar a nuestros hijos e hijas daños y felices, de hecho no la hay, sino millones de formas de amar, y tal como a mí me resultó más fácil y más cómodo para mi vida amamantar, hay mujeres que encontraran mejor dar el biberón, cada loco con su tema dice la canción, no podemos juzgar al otro, a la otra porque hace las cosas diatintas a mi, el respeto es lo primero pero por sobre todo, lo primero es hacer las cosas con placer y sin culpa, que si eres una madre que da pecho pero vive reclamando con sus amigas lo agitada que está de darlo, de seguro no es lo mejor ni para ella ni para su hijo o hija, que si la leche de fórmula y todo lo que implica nos estresa, pues entonces, no lo usemos, si lo importante es vivir una maternidad feliz, alivianarnos el peso, disfrutar cada etapa, eso es lo que más recordarán nuestros hijos, y las opiniones externas pues bueno, eso son, solo opiniones, y ojalá la gente se detuviera a pensar antes de hablar porque el daño que se le puede hacer a una madre con una crítica pasajera es insospechable.

 

A ti madre que das leche de fórmula, a ti que has aguantado estoica las críticas, las miradas despedtivas, que te han tratado de floja, mala madre, que te han dicho te preocupas mucho de tu trabajo, de tu figura, de tu pareja, o un largo etcétera, solo te pido una cosa, respira profundo y déjalos pasar, y si algún día te topas con una mujer como yo que le da pecho a su hijo que corre y salta, antes de pensar en criticar, te pido te veas a ti en mi, así como yo me veré en ti, y recuerdes que todas las madres hacemos lo mejor que podemos por nuestros hijos con las herramientas que tenemos, que todas lloramos a escondidas las críticas y que esa mujer diferente a ti, también ha buscado, como tú la mejor forma de vivir la maternidad, feliz y consciente, dando pecho o dando fórmula… No importa lo que importa es criar siempre niños y niñas cargados de sueños y risas… Menos críticas y peleas, más empatía y comprensión, para ti, para mí, porque solo quienes somos madres sabemos lo que es este hermoso, transformador y a veces tormentoso camino de criar.

 

A ustedes queridas madres en su igualdad y su diferencia les dejo un abrazo

Y como siempre mucha luz

 

Tara

 

 

 

 

Acerca del autor

Mujer, madre, escritora y periodista. Enamorada de la vida y de un principito de rizos dorados. Amante de los libros, Valparaíso y el buen vino. Activista eterna por los derechos de las mujeres y los niños. No me gustan los extremismos, aceptar al otro como legítimo otro es mi lema de vida, ayudarnos a ser conscientes y relacionarnos con amor es mi misión. Autora del libro ¿Cómo construimos lo que somos? Memorias y olvidos de los italianos en Valparaíso. Expositora en Congresos y simposios sobre migraciones y reconstrucción de historias de vida/biografías. @jbruna jenny@mamadre.cl

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