Cansada de ser la madre perfecta

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¿Vieron aquella película en que contaban la historia de cuatro amigas por la ciudad de Nueva York en busca del amor? ¿Recuerden esa imagen en que una de ellas, que siempre deseo ser madre se encierra en la despensa de la cocina a llorar mientras sus hijos gritan llamándola, y la niñera es quien se lleva a los pequeños para que esa mujer puede respirar? ¿Les parece historia conocida?

Pues de seguro que sí, cuántas de nosotras no nos hemos encerrado en el baño llorando cuando ya no tenemos la paciencia suficiente para contener un berrinche o explicarle que debe lavarse los dientes, cuantas veces no hemos deseado salir corriendo de vacaciones lejos de nuestra casa, y sí, lejos de nuestros hijos, para encontrarnos con nosotras mismas y retomar energías, pero no, la culpa nos gana y la sociedad nos presiona, entonces es el disfraz de la madre perfecta el que prevalece, porque además de ser súper woman debemos ser también súper mamás… Pues bien, hoy entre lágrimas vengo a decir que me cansé de ser la mamá perfecta, ya no más, y de paso, también me cansé que todos esperen que mi hijo sea el niño perfecto.

¿Por qué tu hijo es tan antisocial? Me preguntaba el otro día mi cuñada, siempre quiere jugar solo y no comparte, parece que le hace falta un hermanito para que aprenda, o es ese estilo de crianza tuyo que lo vuelve mimado… Les juro que en ese momento sentí deseos de abalanzarme sobre ella, la miré pensando no tiene idea todo lo que lucho día a día por mi hijo, por enseñarle a compartir, y parece que tampoco tiene idea que tiene solo 3 años y no 10 y que ¡su forma de actuar es la forma en que actúan los niños de tres años! No le dije anda, en cambio salí rápidamente de allí, con mi hijo, y me fui a una calle solitaria a gritar, sí, gritar, ¿por qué debo ser la madre perfecta, por qué mi hijo debe ser el niñito bien portado que pide todo por favor, que comparte todo, que jamás pega, que nunca muerde y que se duerme a las ocho de la noche? Entonces, hablando por teléfono con una amiga madre que también estaba en crisis comprendí, es otro juego más del patriarcado, otro juego más de la discriminación hacia las mujeres, no importa si lo soñabas o no, si fue todo como lo planificaste, si eres madre, entonces debes ser una madre perfecta, que no grite, que no colapse, que sea dulce pero que sepa poner límites, que cocine rico y saludable, que jamás le de una papa frita o una bebida, que nunca le ponga la tele y que siempre tenga la repuesta perfecta, que siempre este bien compuesta y pueda entonces, salir a lucirse ante la sociedad con un hijo o hija que lo hace todo bien… ¿Pero qué es hacerlo todo bien, y qué es ser una madre perfecta?

Hemos caído, he caído, en el juego de ser perfecta y nunca fallar, más aún cuando tratas de dar una crianza que propicie el apego seguro, porque eres consciente de todo, de los daños que le provocan los gritos y dejarlo llorar, eres consciente que está en una etapa compleja de su desarrollo neurológico, que no es su culpa, que tú eres la adulta, pero a mayor grado de conciencia mayor estrés también, porque vamos tratando de hacer todo bien, que se duerma temprano con una rutina establecida, que coma siempre comida sana, que por favor vea poca televisión, y si es muy pequeño, que no vea nada, que comparta, que no pegue, tratando de no pelear frente a él, de llorar a escondidas, de nunca fallar… Pero no, no tenemos porque ser madres perfectas, porque con eso le estamos enseñando a ellos que tendrán que ser adultos perfectos, que nunca podrán colapsar, que nunca lloran, que siempre están disponibles, y eso no es así, no es sano ni saludable para nadie, antes que todos, antes incluso que nuestros hijos está nuestra propia salud mental, nuestro equilibrio, nuestra felicidad…
Cansada de ser la mamá perfecta sí, hoy rompí a llorar frente a él y le pedí un tiempo, le dije amor ya no puedo más, necesito respirar, descansar, tenemos que organizarnos para que yo pueda atenderte a ti, pero también a mi, se lo dije entre lágrimas, no fue esa conversación armoniosa que me habría gustado, se lo dije luego que casi me desbordó con su último berrinche… Se lo dije luego de hablar con su padre entre llantos y sí, gritos, y decirle me cansé, ya no juego más este juego de la madre perfecta, ni de la mujer perfecta tampoco, me aburrí de tener que hacer todo yo en casa, con o sin nana, incluso coordinar a la nana es asunto mío porque soy la dueña de casa, pero también soy la profesional que trabaja, no la que aporta en el hogar, sino la que pone la mitad, me cansé de ser la mujer que trata de verse siempre guapa, de ser culta, de cocinar rico y por sobre todo de ser siempre equilibrada… A veces no puedo, puedo casi siempre, pero hay días en que no puedo, y esos días me voy a dar permiso de no poder, de no contener, si con suerte me contengo a mi, y sí, también me voy a dar permiso para salir, un tiempo para mí, a solas, sin hijos, sin pareja, sin trabajo, sin ser dueña de casa, un tiempo de hacer nada, ni siquiera pensar en que debo hacer algo,porque no debo cumplir con nada a los ojos de nadie, mucho menos a los de mis hijos, porque me salgo del rol de madre perfecta para entrar en el rol de mujer, de persona, de madre que simplemente es, sin apellidos, que es y que a veces tiene luces y a veces sombras, y quiero que mi hijo aprenda a ver eso en mi y entienda que no siempre podemos, que a veces hay que parar, que es normal cansarse y colapsar, y que lo importante es estar siempre pendientes de nuestros procesos, hacernos conscientes de hasta cuando podemos y no pensar en lo que el resto diga o espere de nosotros sino en lo que nos hace plenas y felices.

A ustedes, amigas, madres, las invito a dejar las autoexigencias, olvidar el qué dirán y ser madres felices, imperfectas, que se equivocan, que colapsar, que disfrutan el tiempo sin sus hijos son culpas, las invito a romper el cascarón, a salir del disfraz de perfección y a ser, simplemente ser un ser humano que vive, que se cuida, que a veces lo puede todo y a veces nada, las invito a darse permiso para amarse, cuidarse, mimarse y relajarse, porque sólo así podrán crían con equilibrio, porque sólo así podrán ser felices, y porque a fin de cuentas los niños no necesitan madres perfectas, necesitan madres felices.

Como siempre mucha luz para todas

Tara

Acerca del autor

Mujer, madre, escritora y periodista. Enamorada de la vida y de un principito de rizos dorados. Amante de los libros, Valparaíso y el buen vino. Activista eterna por los derechos de las mujeres y los niños. No me gustan los extremismos, aceptar al otro como legítimo otro es mi lema de vida, ayudarnos a ser conscientes y relacionarnos con amor es mi misión. Autora del libro ¿Cómo construimos lo que somos? Memorias y olvidos de los italianos en Valparaíso. Expositora en Congresos y simposios sobre migraciones y reconstrucción de historias de vida/biografías. @jbruna jenny@mamadre.cl

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