Bienvenidos los hijos

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Hace casi 6 años me decidí a ser padre. No sólo lo logré sino que, tres años después, reincidí. En este tiempo aprendí a amar a los frutos de mi fertilidad como no se ama a nadie ni nada, y a cuidarlos como no se cuida a nadie ni nada.

Aprendí que mi cuerpo ahora tiene dos prolongaciones que hay que despertar, vestir, alimentar, entretener, hacer reír, evitar que lloren, alimentar, jugar, educar, alimentar, mirar, observar, bañar, secar, alimentar, dormir… Y amar como no se ama a nadie ni a nada.

Pero también aprendí el otro lado de la paternidad: en esa ensalada de verbos no entra ninguno que me involucre a mí solo, al menos como prioridad.

Quizá sólo uno: resignar. Y cómo no, si esas dos criaturas merecen la máxima atención de quien los trajo al mundo. Así que postergar (¡encontré otro verbo!) era uno de los sinónimos de ser padre, según mi resignada posición. Digo era porque hace poco descubrí que estaba equivocado: yo no he estado postergando nada, me he estado entrenando para lo que viene. ¿Cómo es esto?

Hay un estudio científico en EEUU que dice que quienes tienen hijos son, a la larga, más productivos. Lo hicieron investigadores del Banco Federal de Saint Louis y llegaron a la conclusión, feliz para mí, de que ser padres nos hace mejores.

¿Mejores personas? No, mejores profesionales. Es decir, una vez que pasamos los nubarrones de la paternidad inicial (pongamos cuando el chico cumple 10 años) pegamos el salto en el trampolín de la oficina y ya nada nos detiene. O sea que yo en unos 5 años voy ser más productivo que mis pares que no tuvieron hijos.

Es como si fuéramos autos de Fórmula 1 y la entrada a la sala de partos fuera la entrada a boxes. Mientras el resto sigue dando vueltas en la pista nosotros inflamos ruedas, ajustamos tuercas y echamos combustible para volver después a la ruta más veloces y renovados. Sólo vemos adelante la bandera a cuadros, aunque tengamos el auto más cargado de hijos, responsabilidades y preocupaciones.

Pero los investigadores de EEUU no encuestaron a pilotos de Fórmula 1 ni a los que piloteamos a diario por los atolladeros del centro mendocino. No; los muchachos de Saint Louis enviaron su cuestionario a 10 mil economistas (¿hay tantos? Así anda la economía ¿no?). Y midieron su número de publicaciones académicas a lo largo de 30 años de vida laboral activa.

Es un recorte importante, porque no es lo mismo preguntarle a un plomero si arregló más cañerías o a un arquitecto si construyó más casas después de ser padres que a un economista muy bien pago que trabaja de pronosticar (y acertar poco) los vaivenes de nuestro bolsillo.

Igualmente a los autores del estudio les sirvió para sacar conclusiones y publicarlas: las madres son más productivas que las mujeres sin hijos, sobre todo en los primeros 5 años de trayectoria laboral; los padres con un hijo tienen la misma productividad que los que no tienen, pero la situación cambia si tienen dos o más: producen (producimos) más.

Es música para mis oídos. Ahora, con este estudio, los berrinches infantiles me sonarán como materias de un posgrado en paternidad largo y duro que al final me dará el fruto (hoy prohibido) de la mayor productividad.

 

Por Leonardo Oliva

Fuente: www.losandes.com.ar

Acerca del autor

Mujer, madre, escritora y periodista.
Enamorada de la vida y de un principito de rizos dorados. Amante de los libros, Valparaíso y el buen vino. Activista eterna por los derechos de las mujeres y los niños.
No me gustan los extremismos, aceptar al otro como legítimo otro es mi lema de vida, ayudarnos a ser conscientes y relacionarnos con amor es mi misión.
Autora del libro ¿Cómo construimos lo que somos? Memorias y olvidos de los italianos en Valparaíso.
Expositora en Congresos y simposios sobre migraciones y reconstrucción de historias de vida/biografías.
@jbruna
jenny@mamadre.cl

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