Aventuras de una mamá en un colegio montessori: autonomía

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Ya llevamos casi un mes desde que iniciamos nuestra aventura por un colegio montessori, y digo nuestra porque sin duda, somos los adultos quienes nos vemos más removidos con un modelo de educación que es totalmente diferente a lo que vivimos, pero que a su vez se basa en los principios básicos de lo que supuestamente nos intentaron enseñar.

Reconozco que la primera semana en el colegio, cuando estuvimos en adaptación, estaba un poco asustada porque habían algunos momentos de la jornada en que todo era un caos y me preocupaba que las cosas no funcionaran, la hora de almuerzo era sin duda, caótica, las filas de niños para lavar la loza, la comida, el cepillado de dientes, las guías calentando la comida, los niños que no querían comer, a pesar de ser cuatro guías para todos los niños, no daban a basto, y muchas veces me vi yo misma sirviendo almuerzos o a cargo de apoyar a los niños en lavar la loza, y me era inevitable preguntar ¿cómo lo harán si no estamos mamás o papás apoyando?

Confieso que no pude calmar mi estrés y pedí una cita para expresar mi preocupación, la respuesta de ellos me dejó tranquila, y se resumía en una sola palabra: Autonomía, eso que tanto deseamos las madres, pero que tanto nos cuesta poner en práctica, pero lo que más me tranquilizó, fue lo que vi unos días después cuando fui a dejar el almuerzo a mi hijo y me encontré con algo inesperado.

Mientras un grupo de niños jugaba en el patio, el otro grupo estaba entre el salón y la cocina disponiendo termos, platos, pocillos, botellas de agua, una guía dirigía y acompañaba, mientras cada niño y niña, sin importar su edad, cumplían un rol, como en una casa, todos se organizaban para comer en familia.

Me quedé unos minutos más, vi entrar a mi hijo con sus demás compañeros, cada uno pasó al baño, se lavó las manos y se sentó a comer, en grupos, contentos, ya no vi el estrés de los primeros días, al contrario, sólo había colaboración, y por sobre todo, orden, un orden que notoriamente les daba certezas a los niños, seguridad y por ende, les llenaba de ganas de participar, porque sabían que podían, porque confiaban en su autonomía.

Madres y padres: el desafío montessori

Es increíble como en menos de un mes, cuatro adultos han logrado que la mayoría de los niños se saque los zapatos y los dejen guardados, lleven sus almuerzos y colaciones a la cocina y escriban sus nombres, muevan las sillas y mesas, barran el salón, e incluso laven el plato con que almorzaron. Cuántas peleas y enojos han causado estos temas en las casas de cientos de mamás y papás, y cuan rápido lo han logrado en este colegio montessori, es algo que no deja de maravillarme, y quizás sea porque no lo han logrado sólo cuatro adultos o un método de educación, sino una filosofía de vida que ojalá todos pudiéramos poner en práctica.

Pero, por supuesto, hija de una educación tradicional y punitiva que busca re aprender, en mi interior dudaba,porque claro, en el colegio sí lo hacen, pero ¿y fuera de él? Pues fuera de él, una día en un café mi hijo botó agua por accidente al suelo y sin que yo alcanzara a decir palabra, se paró, tomó una servilleta y limpió, luego preguntó por dónde estaba el basurero y botó el papel… AUTONOMÍA!

Y así en casa, guardar las zapatillas, la ropa es su lugar es algo que ha ido fluyendo maravillosamente, si el suelo está mojado, toma el trapero y lo limpia, y sí tampoco es que todo sea súper mágico, porque de regalón sigue intentado que mamá le haga las cosas, pero basta con recordarle que los acuerdos del colegio también se cumplen en casa, para que lo haga sin reparos.

Y es aquí donde quiero hacer un hincapié, porque si vas a ir a un colegio montessori debes estas dispuesto a cambiar tú como madre y padre y dejar de hacer las cosas por ellos, a los niños que más les cuesta avanzar son a quienes en casa sus figuras principales no los dejan hacer, aún recuerdo haber escuchado a un niñito de tres años decir “yo no tengo porqué lavar mi loza, para eso está mi mamá o la nana, si yo soy un niño”. Y es que es verdad que en un mundo en que nos han acostumbrado que si pagamos nos deben servir, o que la mujer/madre asume todos los roles, cuesta ir soltando estas formas de ser que vienen de nuestros abuelos, pero, les prometo que si se atreven la crianza les será tremendamente más sencilla

Llevamos casi un mes en el colegio montessori y mi hijo ama estar allí, a pesar de que son siete horas diarias. Llevamos un mes en un colegio montessori, y como madre puedo decir que me han alivianado la carga, el permiso, gracias, por favor, le salen naturales, el grado de hiperactividad es mucho menor, ya casi no discutimos, y de a poco he ido conociendo a otro niño, y él a otra madre, con menos estrés y menos cansancio, ambos nos vamos valorando más.

Y es que cuando lo que dicen en el colegio, es lo mismo que dicen en la casa, y a la inversa, los niños sienten seguridad, certeza, y si nos dejamos fluir, si dejamos de resistirnos al cambio y confiamos en este método, que más que método es una filosofía de vida, veremos que la maternidad y la paternidad se vuelven mucho más dulces y nuestros niños y niñas son mucho más felices.

Me despido de ustedes tratando de no pensar en que esta semana les enseñarán a ocupar un cuchillo con filo, solitos, y que en lo que queda del año, hasta usar el horno aprenderán. Y no es que conmigo no lo haga, que ya sabe prender fósforos y cocinar, pero, vamos que cuesta soltarlos cuando sabemos que, no es una la que estará allí para cuidarlos!

Gracias colegio Montessori por regalarnos en tan poco tiempo, una nueva maternidad.

Acerca del autor

Mujer, madre, escritora. Fundadora de Mamadre, amante de la vida, un buen vino junto a un libro y mi amado Valparaíso. La maternidad me cambió y hoy me siento en el deber de acompañar a otras madres para criar en libertad.