Aventuras de una mamá en un colegio montessori: Adaptación

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Recuerdo que de niña siempre odié ir al colegio, a pesar de ser una alumna de excelencia y tener el mejor comportamiento, faltaba cada vez que podía, la educación tradicional para mi fue una tortura, por eso, a la hora de pensar en dónde estudiaría mi cachorro, para mi más importante que la excelencia académica, es que fuera un espacio donde él se levantara feliz y que jamás se sintiera abrumado ni angustiado como yo.

Así comenzamos a los cuatro años la vida escolar, en un jardín tradicional con matices alternativos que dejó mucho que desear, esa manía de apurarlo todo y de querer a niños perfectos dejó a mi hijo con un pavor a los adultos que gritan que aún no logramos erradicar.

Fue así que, llegando el momento de iniciar el colegio, el universo nos envió a un colegio montessori que apareció de casualidad, un proyecto reciente que se centra en la autonomía y la educación emocional, dos aspectos vitales cuando eres madre de un niño altamente sensible que practica la crianza respetuosa.

Comenzamos pues la aventura, confiada en que esta vez sería distinto, y vaya que lo está siendo. Lo primero que pido es una adaptación, mi cachorro es sensible y dejarlo sólo el primer día me parece una locura para cualquier niño, tremenda fue mi sorpresa cuando me dijeron, adelante, te puedes quedar el tiempo que lo necesiten. Así nuestra primera semana de colegio fue estando todo el día con el niño, sí, siete horas a su lado.

¿Lo mejor de esto? Es que NO te juzgan, no te miran con cara de ay la mamá aprehensiva, no te dicen es que tu hijo ya debería poder, y ante mi mirada de culpa y mis disculpas constantes la respuesta es siempre la misma «María Montessori dice que la adaptación dura tres meses, así que tranquila, cuando él esté listo, puedes estar acá el tiempo que desees». No saben la calma y paz que esas palabras y la dulce mirada me dieron, toda la ansiedad que había vivido hace un año se la llevaron en menos de 30 segundos.

Aún recuerdo cuando el año pasado la educadora de mi hijo me echó de la sala, diciendo que yo le hacía mal al niño, me fui apretando todo y lloré por horas, mientras escuchaba a mi hijo llorar al cerrar la puerta, aún recuerdo que la educadora, tuvo el descaro de poner en el informe que el niño había demorado más de lo normal en adaptarse, porque se demoró una semana. Aún siento la culpa, la ansiedad, la rabia y el miedo que Paulina nos dejó por querer tener una sala perfecta y demostrar que sus niños se adaptan al tiro.

Y bueno, una semana después, mi hijo está en su nuevo colegio, nos despedimos con tres besos, no hubo llanto, no hubo abrazos eternos, no hubo angustia, me quedé 20 minutos al llegar y 20 minutos después de irme me escribe una de las guías y me dice «tu hijo está increíble, juega feliz, no hay llantos ni ha preguntado por ti. Lo estás haciendo muy bien» ¿Sabrán los otros colegios que con estas simples palabras y con un poco de tiempo nos pueden cambiar la vida, a niños y madres?

Y es que el desapego debe ser lento, es cierto, una semana completa es agotador, y parece una locura, pero hoy ni él ni yo tenemos ansiedad, yo trabajo tranquila y él juega feliz, sólo porque nos dieron tiempo, tiempo para confiar, tiempo para adaptarnos, tiempo para conocer, tiempo y apoyo, sin criticas, sin estrés.

Y no, no crean ustedes que funciona así porque es un colegio que no pone límites donde los niños hacen lo que quieren, claro que no!! En un colegio Montessori hay más límites que en un colegio de monjas, sólo que son límites con sentido, no con el fin de castigar, sino con el fin de respetar.

Ya les iré contando cómo son los días en un colegio Montessori, por ahora sólo puedo decirles que los niños, sin excepción, lavan la loza después del almuerzo, limpian la sala, barren, ordenan, no gritan ni se pegan y si un niño llora porque extraña a su mamá, lo abrazan, lo calman, le leen un cuento, le cantan canciones, todo eso mientras van dejando que exploren sus capacidades, anotando en un cuaderno sus gustos y dejándolos jugar con tierra en un patio verde lleno de árboles, insectos y con juegos de madera que te conectan a tierra y te dan mil posibilidades de ser y aprender.

Es imposible practicar la crianza respetuosa en casa si el colegio los castiga, los apura, no los escucha y les obliga a dejar de crear y comenzar a obedecer. Es imposible aprender si tenemos miedo o pena, por eso agradezco este espacio de aprendizaje que respeta los tiempos de cada niño, niña y familia, y deseo de todo corazón que más temprano que tarde todos los colegios y liceos, apunten a enfocarse en la educación emocional, a dejar de criticar todo lo que las madres y padres hacemos, y comprender que un poco más de tiempo, paciencia y amor, pueda cambiar la vida de todos!

Si estás pensando en buscar educación Montessori, te iré contando paso a paso lo que hacen y cómo es, para que siempre puedas elegir informada.

Como siempre un abrazo de luz

TARA!

Acerca del autor

Equipo de columnistas y colaboradores ocasionales de Mamadre.cl