Aprendiendo a soltar a nuestros hijos, nace una nueva relación

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Recuerdo que cuando estaba embarazada leí el libro la Maternidad y el  encuentro con la propia sombre de Laura Gutman, uno de los capítulos que más me llamó la atención era el que hablaba sobre la necesidad de soltar a los niños, a eso de los dos años, cuando el puerperio comienza a llegar a su fin… Ella decía que habitualmente es el padre quien comienza a reclamar de vuelta a la mujer a su vida, y que si la madre era soltera era muy recomendable que buscara una actividad que le permitiera pasar algunas horas lejos de su hijo, y que le permitieran realizarse…  Atesoré esas palabras en mi afán de hacer las cosas bien, y no olvidarlo, no vaya a ser que después me de por no querer soltar a mi hijo…

 

Pues bien, cuando eres madre, los primeros meses, muchas veces piensas en cuando tendrás tiempo para ti, para bañarte, para salir, para dormir, para depilarte, y un largo etcétera, ya has olvidado lo que es ir al baño con la puerta cerrada, o dormir profundamente, incluso te descubres cantando canciones infantiles y mirando autos en las vitrinas de las tiendas que pudieran gustarle a tu hijo… te cansas, yo me cansé, esos momentos en que desapareces de su vista por 30 segundos y escuchas un llanto de fondo mamaaaaaa… se aferra a tu pierna, no te deja ir… ¡Pero si ya  tiene más de un año, por Dios! ¿Lo estaré haciendo mal? Bueno chicas, no se asusten, la fusión emocional comienza a terminar, y un día, así como si nada, verán que sus hijos e hijas ya no las necesitan tanto como antes, que ya pueden salir solas y ellos se quedan sin llorar, es más… les ocurrirá que sus pequeños quieren estar solos con papá, la abuela, la tía, “sin mamá”, y es en ese preciso momento donde les aseguro se les vendrá encima un vaivén de emociones… tu niño, mi niño, comienza a crecer… este es para mi el mayor desafío de la maternidad, aprender a soltar, dejarlos volar…

Ocurrió sin darme cuenta, pensaba muy a menudo en querer retomar algunas cosas de mi via de antes, salir sola, leer, caminar, ir a yoga, pero no sabía como reaccionaría mi pequeño, hasta que un día, él sabio como son los niños comenzó a pedir su propio espacio, coincidió esto con que tuve que ausentarme por motivos de salud medio día en la clínica, fue una intervención menor, nada grave, pero era la primera vez que estaría sin mi tantas horas, le expliqué, le conté una semana antes que ese día mamá estaría en el doctor, llegó el día, pasaron las horas, al regresar a casa mi madre me dice, estuvo muy bien, comió, jugó, lloró muy poquito, y casi no te llamó… lo abracé emocionada, me dije a mi misma, mi niño entendió que no podía estar… Pero que más que eso, me fui dando cuenta que ya estaba listo para comenzar a volar, sin mamá… es fuerte esa palabra, son mamá, sin su leche, sin mis cuidados, y lo más increíble de todo es que llegaba feliz, cansado, sin haber llorado ni extrañado a mamá… tremendo golpe para mi, mujer que dejó su profesión y su vida porque optó por quedarse criando… Ok me dije, querida, llegó el momento que veas que hacer con tu vida… vamos a aprender a soltar.

Escribo estas líneas mientras mi niño lleva 7 horas fuera de casa, está en el cumpleaños de unos primos de su familia paterna, casi no tomó leche, se fue muy temprano y yo he tenido que ir reinventando mi día, con una sensación de emoción, nostalgia, alegría, libertad y vacío que no sé bien cómo explicar. Mi niño creció, está creciendo, el fin del puerperio comienza a acercarse, o más bien dicho ya ha llegado y es él quien ha dado los pasos más firmes e importantes para decirme mamá, ya sé que el mundo es seguro, gracias a ti, y a papá, ya puedo moverme un poco sin ti, gracias mamá, ahora quiero explorar sin ti, un rato, un tiempo, porque sé que al regresar tú estarás ahí…

Pero ¿qué pasa conmigo? ¿Es muy feo confesar que me da pena, que a ratos no sé como conciliar esos días o esas horas sin mi pequeño? No sé si sea feo, si esté bien o mal, pero me pasa, nos pasa, lo extraño, siento que debo reconstruirme, y así voy, puerperea perdida de regreso a su vida, más mujer, más persona, empoderada, más sabia, buscando a esa nueva mujer que habita dentro de mi, viendo que cosas quiero retomar de mi vida antes de ser madre y qué cosas no, explorando también como él, lo que me gusta, y lo que no… Así es como una tarde de lluvia salí sola al cine, uno de mis mayores placeres de soltera, me encontré riendo y llorando con una película de cine arte dedicada a las mujeres magníficas, mientras disfrutaba un café en un frío salón… Luego me atreví a salir de noche, comencé poco a poco, llegando a las 12 en punto a casa, cual cenicienta que corre para no dejar de ser quien es… pero pasó que una noche, mi madre me escribe el niño duerme tranquilo, si quieres llega más tarde… Me vi ahí, de pie escuchando de esa música que te hace vibrar el alma, música en vivo que recorría mis venas y me recordó otra de mis pasiones, entonces decidí, me quedé un poco más, me reí, bailé, miré el reloj cada 10 minutos, le escribí cada 15 minutos a mi madre, y regresé a casa a las 3 am, por primera vez en 3 años… me metí a la cama, mi niño dormía profundo, me sintió, dijo mamá medio dormido, buscó mi pecho y tomó su leche… Esto se llama soltar, conciliar, reinventar… lloré, de emoción y alegría, de un sentimiento de culpa extraño por haberme divertido sin él… comprendí, esa es la maestría de la vida, el aprender a soltar.

Para ustedes amigas que comienzan el fin de su puerperio y que como yo van dando pasos a ciegas en este nuevo camino, les digo que creo y siento desde mis entrañas que llega el momento de aprender una nueva forma de amar, y de dar amor y seguridad, no sé bien como se hace, más sé que el verdadero maestro, la verdadera persona que guía a otro lo hace así, respetando los procesos de quien cuida, en este caso nuestros hijos, no somos nosotras quienes decidimos por ellos, son ellos quienes nos muestran cuando están listos, y es ahí cuando nosotras, madres que dimos todo, todo y más por construir cada átomo de quienes son ahora, debemos volver a dar, a dar quizás algo que nadie nos ha enseñado a dar, a darles libertad, aprender a soltar, verlo de a poquito  volar… hoy son unas horas, mañana será mucho más, un día los veremos partir, es una nueva forma de vivir la maternidad, una nueva forma de ser mujer, de amar y entregar… un desafío, sí cómo no! Cada etapa de la crianza lo es, pero es el más preciado tesoro que les podemos dar, simplemente estar ahí para cuando nos necesiten y cuando llegue el momento, dejarlos libres para que prueben sus alas y vuelen tan lejos como sus almas se lo dicten, pues saben, sabemos, que siempre podrán regresar al nido… y en el camino nosotras debemos volver a forjar nuestro nido interior, sin culpas, ni reproches, sin esperar recibir nada de vuelta… porque ser madre, ser padre es simplemente dar por el simple hecho de amar…

A todas y cada una, les dejo un abrazo lleno de luz y las acompaño en este camino de regreso al ser mujer, a este laberinto de recorridos de la maternidad cuando ya no somos 100% indispensables, comienza el fin del puerperio, una nueva personalidad se ha forjado en nuestro ser… aprendamos a soltar, busquemos tribu que esto no es fácil, necesitamos nuevamente ser contenidas, abrazadas, escuchadas y por qué no decirlo, también, guiadas.

 

Mucha luz a todas

Tara

Acerca del autor

Mujer, madre, escritora y periodista. Enamorada de la vida y de un principito de rizos dorados. Amante de los libros, Valparaíso y el buen vino. Activista eterna por los derechos de las mujeres y los niños. No me gustan los extremismos, aceptar al otro como legítimo otro es mi lema de vida, ayudarnos a ser conscientes y relacionarnos con amor es mi misión. Autora del libro ¿Cómo construimos lo que somos? Memorias y olvidos de los italianos en Valparaíso. Expositora en Congresos y simposios sobre migraciones y reconstrucción de historias de vida/biografías. @jbruna jenny@mamadre.cl

3 comentarios

  1. Hola Tara, te sigo desde hace meses y hoy, más que nunca, tus palabras me hacen mucho sentido. Tengo a Mateo de 16 meses que aún necesita mucho de mí y me extraña harto, pero yo de a poco voy sintiendo la necesidad de mi espacio, pero quiero ir lentamente esperando que mi pequeño también sienta que es tiempo… Seguramente el día en que lo pase bien con su abuela o desee estar con su papá a solas, me sentiré igual que tú, con una mezcla de emociones.. Alegría, nostalgia, libertad, rara…

    Gracias porque siento que de algún modo me prepara para esa inminente “separación” que se viene. Abrazos!!

  2. Me encanto, las cosas me pasan tal cual las describes necesito tiempo para mi pero me alejo unas horas de mi pequeño y lo extraño no me atrevo a salir mas sin el,creo que es lo mas dificil que me a tocado hacer y realmente siento sentimientos encontrados sin duda es un proceso dificil que bueno saber que no soy la unica y que hay pasos para lograr soltar a mi hijo. Wau tratare y lo lograre. Me siento nerviosa gracias por tu texto, te felicito un fuerte abraso,asta pronto.

  3. Hola Tara.. me emociona leerte.. mi pequeño tiene 11 meses y me siento muy identificada con lo que describes en otros post y en este.. jja sobre tofo en ese afán de perfección que, afortunadamente, suelto cada vez más..
    Gracias por compartir y por la posibilidad de hacer tribu.. aunque dea virtual. Espero paciente y ansiosa poder retomar partes de mi vida libre de antes.. leerte me hace reafirmar que he ido escuchando a mi corazón en este camino..
    Un abrazo

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