Alimentos, emociones y compañía: las claves para comer sin culpa

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Cuando pensamos en Hábitos Alimentarios Saludables lo primero que se nos viene a la mente son una serie de indicaciones relacionadas con los tipos de alimentos que debemos seleccionar, los horarios que debemos tener para comer, una gran lista de “No´s” y alimentos que debemos abandonar. Entonces el proceso de cambio hacia la incorporación de esos hábitos es difícil y esforzado. ¿Por qué? porque los hábitos alimentarios son incorporados desde las creencias, algo que no ha sido considerado en profundidad y que nos ha significado cifras alarmantes de exceso de peso en la población chilena.

Las creencias son incorporadas en nosotros desde muy pequeños, desde el vientre. Escuchamos de nuestros padres sus creencias, y luego al nacer no solo las escuchamos, si no que las observamos en ellos y en nuestras familias, y luego las experimentamos. Se incorporan tan profundamente que se transforman en una respuesta física-mental inconsciente y automática. Y así también es con las Creencias Alimentarias.

Nos preocupamos día a día de que nuestros hijos aprendan a alimentarse adecuadamente, pero ¿qué observan de nosotros, sus padres? ¿Son capaces los padres de hacer el ejercicio de reflejar el cambio que quieren en sus hijos? De acuerdo a las cifras de Malnutrición por Exceso podemos inferir que la respuesta es NO. No se ha orientado hacia un cambio profundo que permita a las generaciones ir mejorando su alimentación como respuesta a una necesidad física-mental.

Y ¿de que Creencias hablamos?

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Probablemente varias de estas frases te harán sentido: “Estoy gorda”, “todo me engorda”, “tengo que bajar de peso para el verano”, “Voy a comer pura lechuga para adelgazar”, “Subir de peso es fácil, bajar es imposible”, “Entra la guata, te ves feo”, “las flacas/os son exitosos”, “hoy me lo como todo, el lunes comienzo la dieta”, entre muuchas otras!!

Frases que los niños escuchan y hacen suyas interpretándolas de acuerdo a su etapa de la vida. Para un niño estas frases significan que la alimentación saludable es una “dieta”, es decir, le da un sentido de temporalidad, que cuando comen engordan, y que para estar bien hay que comer pura lechuga o alimentos muy livianos, que la alimentación es sometida a la imagen corporal, etc.

Entonces lo primero que debemos hacer para mejorar los hábitos alimentarios es hacernos conscientes de nuestras creencias, por qué las tenemos y cuando las adquirimos. Observar que conductas generan estas creencias en el cotidiano, de forma de hacer un trabajo progresivo hacia el cambio del discurso en relación con los alimentos. Que el discurso esté relacionado con las acciones. Decirle a un niño que comer comida chatarra es poco saludable y que genera ciertas consecuencias, y luego cada vez que se realiza una actividad en familia esté presente la comida chatarra es inútil e incongruente. Genera ansiedad en el niño esta discordancia entre la “exigencia” del discurso y la realidad.

Consejos para relacionarme sanamente con la comida:

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1. Tener Paciencia: Los cambios permanentes son progresivos en el tiempo. Todo lo radical vuelve a aparecer como hábito.

  2. Disfrutar los Alimentos: La alimentación debe estar vinculada con emociones positivas al momento de comer. Evitar comer para generar un estado emocional positivo, este estado no es permanente y genera culpa y ansiedad. No comer con culpa lo que nos gusta, aprender a permitirse disfrutar de lo que los alimentos nos regalan, una tremenda experiencia de sabor, textura, olor y nutrición.

3. Comer en lugares agradables, y con personas agradables: Para los niños esto es fundamental. Que los adultos les enseñen que el momento de comer es agradable y tranquilo, no hay apuro, y se destina a compartir los alimentos.

4. Conocer tu nivel de saciedad y Respetarlo: Tenemos el concepto de comer la cantidad que nos indican por necesidad de calorías, pero cada cuerpo es distinto. Cada persona, niño y adulto, tienen distintos puntos de saciedad. La saciedad es aquel punto en el que comes la cantidad de comida en el que quedas satisfecho y listo para continuar activo. Si después de comer te da sueño o te cuesta retomar el ritmo anterior es por que sobrepasaste tu propio nivel. Enséñale a tus hijos a comer desde esa cantidad, y aprende a respetar que así sea para ellos. Los niños en ese sentido, son mucho más sinceros con ellos mismos en escuchar su cuerpo y respetarlo. Nosotros en cambio, cuando nos excedemos de la saciedad, es porque hemos dejado de escuchar y respetar al cuerpo.

5. La Alimentación Saludable es un hábito, no es temporal: Si tus hijos experimentan esto desde tu ejemplo, entonces tienen asegurado una buena nutrición.

6. Comemos para estar sanos, no para vernos bien: No pongas la imagen corporal como la meta de la alimentación saludable, eso puede generar trastornos alimentarios en la adolescencia. Acompáñalo de un ambiente grato en el comer en familia, donde se deje de enfocar el comentar los alimentos desde la imagen física. Ejemplo: mamá en la mesa repite muchas veces frases como “Miamor a mi sírveme sólo pescado porque no quiero engordar, tenemos matrimonio la próxima semana”.

7. Acepta que cada cuerpo es distinto, y Reconoce tu contextura: Hay personas que son delgadas desde nacimiento, y aunque le dieras de comer cada minuto seguirán viéndose igual, o hay personas de contextura gruesa, que comen bien pero siempre tendrán una contextura más gruesa. Lo importante es comer para estar saludable y que tu cuerpo, como sea que es, se exprese de la mejor forma para vivir bien.

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Paola Miqueles Indo
Nutricionista
Mama de 3

Acerca del autor

Nutricionista egresada de Universidad de Chile año 2002.
Experiencia en área clínica y APS.
Docencia Universitaria desde año 2011.
Asistente en Alimentación Ayurvédica. Reiki Usui. Thetahealers nivel Avanzado, Rythm.
Asesorías y Consultas Integrativas.
Realizo Diagnostico definiendo el biotipo ayurvédico de la persona, trabajando las creencias alimentarias con Tethahealing e indicando una minuta personalizada de acuerdo a sus desequilibrios.
Contacto: +56966399669