Carlos González: “Los niños no necesitan padres perfectos, solo padres que los amen y que tengan sus propios límites”

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1- Límites, disciplina y obediencia parecieran ser para muchos las principales reglas para criar, el niño debe saber quién manda, de lo contrario te tomará el pelo. ¿Por qué cree usted que tantas familias ponen la disciplina y autoridad por sobre escuchar y comunicarse con los niños?

 

Es difícil de saber. Algunos tal vez hayan sido ellos mismos criados a base de gritos, amenazas y castigos; simplemente no conocen otra forma de hacer las cosas. Otros, y quizás este problema vaya siendo cada vez más freucuente, han tenido poco contacto con sus padres durante la infancia. Yo no fui a la escuela hasta los cinco años, no me quedé a comer en la escuela hasta la universidad. Ahora van llegando a la paternidad muchos que empezaron a ir a la escuela y a comer fuera de casa antes de los seis meses. No tienen una experiencia tan grande de convivencia con sus padres como las generaciones anteriores, y al cuidar a sus hijos no lo hacen basándose en sus propios recuerdos, “mis padres lo hacían así”, sino que buscan el consejo de expertos, leen libros… y por desgracia hay muchos libros que parecen obsesionados con la autoridad y la dominación.

2- En ese sentido, ¿qué errores cree que han cometido las generaciones anteriores en cuanto a los límites y la crianza?

 

Algunos han cometido el error de gritar, amenazar, ridiculizar, castigar, incluso golpear a sus hijos. Otros, el error de pasar poco tiempo con sus hijos, de confiar su cuidado a otras personas, los pobres porque necesitaban ir a trabajar, los ricos porque necesitaban demostrar que podían permitirse el lujo de pagar a una niñera.

 

3- ¿Cómo daña a los niños y niñas la crianza demasiado autoritaria, en cuanto a su desarrollo personal, su autoestima y sus relaciones?

 

El niño al que tratan a gritos y a golpes, o con amenazas y castigos, sufre. Porque a nadie le gusta que le traten así. Y, falto de otros modelos de relación humana, crece pensando que esa es la forma normal de relacionarse: que es normal gritar o amenazar a amigos, empleados, cónyuges, hijos; que es normal que la policía o las autoridades nos griten y nos amenacen…

4- En la otra vereda, quienes practican la crianza respetuosa o pro apego, parecieran muchas veces tener problemas para poner límites, ¿cómo y de qué forma pueden los padres poner límites firmes pero con amor?

Es la cosa más fácil del mundo. Todos lo hacemos, si no con nuestros hijos, al menos con otras personas. ¿No quieres que tu hijo de dos años juegue con un cuchillo afilado? Pues guarda el cuchillo fuera de su alcance, porque es demasiado pequeño y sencillamente no va a entender las instrucciones. ¿No quieres que tu hija de cinco años pegue a otro niño? Pues dile: “no pegues, a los niños no les gusta que les peguen”. Así es como tratamos a los adultos. Si un compañero de la oficina o del taller deja las cosas fuera de sitio no le decimos “como vuelvas a dejar los expedientes desordenados te vas a enterar” o “¿eres tonto o qué?, estoy harto de que dejes los destornilladores por ahí tirados”. No les dejamos sin postre o sin ir al cine el sábado, no les ponemos treinta minutos (uno por año de edad) en el rincón de pensar. Simplemente les decimos: “Por favor, guarda los expedientes (o los destornilladores) en su sitio, que si no luego no los encuentro”. Y la mayor parte de la gente obedece. Y el que no, probablemente tampoco habría hecho caso con otro método.

 

5- En ese sentido ¿cuáles serían las claves para construir una relación de amor, respeto y límites con los hijos?

 

Pues eso: demostrarles nuestro amor (doy por sentado que amor ya les tenemos, pero a veces no nos atrevemos a demostrárselo, porque nos han dicho que “se malcría” si lo tomas en brazos, si le consuelas cuando llora…), tratarles con respeto (el mismo con el que tratamos a otras personas), y ser bien conscientes de que tenemos límites. No podemos gritarles, no podemos ridiculizarles, no podemos insultarles, no podemos amenazarles, no podemos pegarles, no podemos castigarles. Si los padres respetamos los límites, les estamos enseñando con nuestro ejemplo.

6- ¿Qué ocurre con los padres que han criado de manera autoritaria o no han fomentado el apego y quieren enmendarse, ¿cómo pueden reparar el vínculo, de qué forma pueden reencausar la relación, por ejemplo, con hijos adolescentes?

 

No es fácil. Hay que esforzarse para hacer algo que no es lo que has visto y vivido desde niño. Pero ser conscientes de que hacemos algo mal y necesitamos cambiar es el primer paso. No somos perfectos y nos equivocaremos muchas veces. Pero podemos rectificar, podemos pedir perdón, podemos hacerlo bien muchas otras veces, tal vez la mayor parte de las veces. Nadie es perfecto, y los niños no necesitan padres perfectos.

El saber que no somos perfectos, y el ver cómo nuestros hijos nos siguen queriendo aunque no lo seamos, debería ayudarnos a aceptar que nuestros hijos tampoco son perfectos, y a seguirles queriendo.

Acerca del autor

Mujer, madre, escritora y periodista. Enamorada de la vida y de un principito de rizos dorados. Amante de los libros, Valparaíso y el buen vino. Activista eterna por los derechos de las mujeres y los niños. No me gustan los extremismos, aceptar al otro como legítimo otro es mi lema de vida, ayudarnos a ser conscientes y relacionarnos con amor es mi misión. Autora del libro ¿Cómo construimos lo que somos? Memorias y olvidos de los italianos en Valparaíso. Expositora en Congresos y simposios sobre migraciones y reconstrucción de historias de vida/biografías. @jbruna jenny@mamadre.cl