Mamá también necesita un tiempo de descanso

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Yo no importo, esa es la sensación que me embargó al nacer mi hijo, no sólo porque de verdad quería/quiero lo mejor para él, sino porque es lo que crecí viendo en como mi mamá nos crió y porque de una u otra forma es el mensaje que en momentos de crisis los otros transmiten conscientes o no, yo no importo, del exceso de preocupación hacia mi en el embarazo a la más completa anulación en el puerperio… Yo no importo, esa frase fue mi lema los primeros meses, la repetí hasta el cansancio… lo importante es que él esté sano, no importa si no duermo pero si él está bien yo estoy bien, no voy al baño hace 5 hrs! Pero mi bebé no ha llorado… “Puedes ver al niño para ducharme antes que te vayas, son sólo 5 minutos (bebé de 1 mes en pleno invierno), no tengo tiempo yo trabajo, báñate con él o no sé arréglatelas. Está lleno de madres que crían hijos y además tienen la casa impecable, cocinan y trabajan, mi mamá por ejemplo crió a cuatro hijos y la casa siempre brilló y siempre se bañó, además trabajaba, o sea, si ella pudo, como no vas a poder tú!”
Me muerdo la lengua, lloro en silencio, yo no soy tu madre, ¡¡yo quiero empatia!! Yo no importo, soy la mujer imaginaria, como aquel de Nicanor, soy presente y visible como madre en todo su esplendor, pero pareciera que como mujer he dejado de existir, ¿a dónde me fui?

Encantada he dejado de lado mis propios deseos y necesidades en post de mi pequeño caminante, no como un sacrificio, sino como un acto de entrega sincero y supremo, amor de madre dirán, lo amo y sus sonrisas y avances me llenan más que estar en el mejor bar con las mejores amigas y la mejor música, sin embargo, debo ser sincera a veces me dan deseos de salir corriendo para tomar aire e ir al cine, la peluquería, a depilarme, o tomar un jugo, pero cuando se duerme abrazado a mi, se me pasan todas las ganas de salir, quiero estar con él tranquilos, felices, conectados, se calma la tormenta, volvemos a fluir…

Pero el puerperio, ya lo sabrán, es un ir y venir de sensaciones, y las tormentas siempre regresan, quiero salir tranquila dos horas nada más,pienso en llamar a mi madre, hablar con mi pareja, organizar una reunión con mis amigas, ir a depilarme- de verdad es algo que hace falta ¿o no?- serán sólo dos horas me digo, dos horas me dice otra voz, dos horas para ti, no te parece que ya dedicaste demasiados años a ti misma, este tiempo es de él, ¿vas a salir? Vaya que buena madre, me dice esa voz dentro de mi, te felicito, seguro tu madre lo habría hecho…. Bienvenida señora CULPA, ya extrañaba su presencia, cancelo mis planes, no organizo nada, no voy a salir, la verdad no necesito salir, estoy bien así… ¿digo eso yo, o lo dice la culpa que no me deja vivir? La verdad no lo sé, a ratos ya no lo puedo distinguir.

 

En mi caso creo que es mi madre o el tipo de madre que ella fue que lo dice por mi, me estoy convirtiendo en mi madre, yo, la super ejecutiva, independiente, que nunca le rindió cuentas a nadie, que se iba de vacaciones sola a europa, que mantenía sola su casa sin necesidad de ayuda, yo, si yo, me estoy transformando en lo que tanto temí, en eso que de niña me prometí “yo nunca voy a dejar de ser yo misma como lo hizo mi mamá”, toda mi vida escapé de la maternidad por miedo a la postergación, al sacrificio, no quise jamás ser la madre abnegada que fingía no tener deseos de comer ese trozo de pastel o que decía no tener ganas de salir a ver esa película por y para sus hijos, me atemorizaba porque vi los estragos que causo en la mujer que es mi madre, y las mujeres madres de mis amigas y amigos, yo nunca seré así, repetí…

¿Por qué me hice esta promesa? Porque vi que mi madre muchas veces no fue feliz, como madre nada que decir, siempre estuvo ahí, nunca nos dejó, nos cocinaba, acostaba, paseaba con nosotros, hacíamos las tareas juntas, todo, todo… pero no era feliz, yo de niña podía percibir como su lucecita se apagaba en cada noche, en cada sacrificio, y en cada falta de tiempo para si misma… y les juro, les juro, que hubiera preferido que me dejara sola un par de veces, pero verla brillar como recién la veo brillar (a ratos) ahora que es abuela, porque todo niño y niña quiere tener y sentir a una madre feliz, mujer segura y plena, porque es sano, es saludable, porque nos enseña a como autocuidarnos a nosotros mismos. Sí, nos enseña de autocuidado, una palabra que pocos conocemos en esta vida tan vertiginosa y que sin duda, las madres eliminamos de nuestro vocabulario más por convención y presión que propia convicción.

 

Así las cosas, en el camino de aprender a ser madre y mujer a la vez fui a dar a un taller de autocuidado, la psicóloga que lo dictó, maravillosa mujer por lo demás, dijo al finalizar una frase que me marcó, comentó que en los vuelos cuando la azafata explica las normas de seguridad en caso de alguna emergencia siempre repiten un mensaje especial para las madres, “a la hora de poner las bolsas de oxígeno que que activan en casos extremos, es vital que SIEMPRE se lo coloque primero la madre y luego se lo pongan al niño/a porque si la madre no se lo coloca primero, no tendrá las energías ni la capacidad de poner el oxígeno a su hijo/ y por ende, no podrá cuidarlo, llegando a poner con ello en riesgo la vida de su bebé, por una noción errónea de sacrificio”, esto me hizo recordar a mi tía, profesional de la salud, que siempre me dijo, “mamá sana, bebé sano, cuídate a ti porque si tú no estás bien él no lo estará”, sabias palabras que por su puesto no escuché porque la culpa y la presión social y personal fueron más grandes, pero que sin embargo, a casi dos años de nacido mi hijo, estoy empezando a practicar, porque sí, es cierto, esta etapa es única, y luego de esto crecerá, será independiente y ya no me necesitará, pero también es cierto que para que esta etapa sea provechosa y maravillosa para él, necesita tener a su lado a una mamá emocionalmente sana, o lo más tranquila posible, tener, ver, sentir, palpar a una mujer feliz y dichosa.

Ya sé lo que están pensando, suena muy lindo en palabras, suena muy fácil y lógico, pero otra cosa es con guitarra, y sí es verdad, una cosa es entenderlo y otra cosa es hacerlo, cada mujer/madre sabe donde le aprieta el zapato, pero pues, creo en mi experiencia que todas, absolutamente TODAS necesitamos de vez en cuando un TIME OUT, un un re encuentro con nosotras mismas, no hablo de irnos a carretear, si es tu opción, genial, si no lo es y prefieres tejer o leer un libro en un café  -o depilarte de verdad jaja- también genial, pero de verdad queridas amigas, el cuidarnos a nosotras es el primer paso para cuidarlos a ellos, y es la mejor forma de enseñarles a autocuidarse y respetarse en el futuro, a parar, a descansar. Estamos más tranquilas con nosotras si tenemos nuestro cabello lindo o las piernas suaves, estaremos de mejor humor si vimos la película que queríamos, tendremos más paciencia para contener y acompañar las pataletas si salimos con las amigas, podremos enfrentar mejor las largas horas de desvelo si de vez en cuando dormimos un siesta solas o nos damos un baño de tina relajadas, o si simplemente caminamos por la playa. Y como nosotras estaremos más equilibradas, ellos lo sentirán, y reaccionarán también mejor, o acaso no les pasa que cuanto más colapsadas ustedes más irritables ellos, y así círculo vicioso interminable.

 

Hacer un alto en el camino es vital, y no es ser mala madre, ni despreocupada, ni mucho menos egoísta, al contrario, es ser consciente de nuestros procesos, de nuestros límites, de nuestra humanidad, somos madres, y ojo, también padres que lo daríamos todo por ellos, y de hecho lo hacemos, pero también somos humanos, hombres y mujeres que necesitamos recargar las luces de colores para seguir siendo los duendes mágicos que van llenando sus mañanas de cantos, paseos, juegos y comidas ricas. No tenemos por qué ser abnegadas para ser “buenas” madres, no tenemos porque llorar solas en el baño para superar el ahogo ni menos autofragelarnos mentalmente por querer dejarlos dos horas, nunca son buenos los extremos, si tú/yo como madre/padre soy feliz, le regalaré a ese hijo o hija mi brillo, y con el tiempo entenderá que sí es verdad mamá se ausenta dos horas a la semana y la extraño porque quiero leche, besos, brazos, su aroma, todo… pero cuando mamá vuelve de esas dos horas es más linda, la leche es más rica, y la familia es más feliz, entonces está bien, es bueno que mamá no esté a veces, así me sabrá contener mejor cuando me frustre porque no puedo meter la pelota en ese agujero… Es como ven un círculo virtuoso, sano para todos y todas.

 

¿Cómo lo sé? Porque lo probé… la primera vez que salí por 3 hrs. a un happy hours con mis amigas me sentía fatal, tiritaba en el colectivo, miraba el celular, llamaba a Pedro cada 5 minutos para saber si estaba todo ok, en la calle sentía que algo me faltaba, me lo imaginaba llorando, soy mala madre me decía, no fue fácil, de verdad no lo fue. Pero al cabo de un tiempo, me reí tanto con esas amigas de la vida, comí rico, tomé un poquito, vi las estrellas aparecer, sentí el aire tibio de verano en mi rostro, respiré hondo, me miré iluminada en un espejo rumbo a casa, al llegar, por supuesto, mi canguro se tiró a mis brazos, esa noche se durmió en 2 minutos, fue una noche cálida, placentera, y los días que vinieron estuvieron acompañados de tres muelas que aparecieron en conjunto, y cada grito, cada mordisco, cada frustración fue más corta, más fácil de contener para mi, más fácil de superar para él porque mamá estaba renovada… fueron sólo 3 horas, hace ya un mes de eso… pero ¿saben? aún el sólo recordarlo me cambia la energía…

 

Yo SI importo, no voy a ser como mi mamá, pero a la vez si lo seré, seguiré criando en casa feliz y entregada, pero me dedicaré a regar esta plantita que soy yo misma para que mi hijo crezca viéndome luminosa y sepa que el primer paso para ser amado es amarse a uno mismo aprendiendo a cuidarse. Yo sé que cuesta amigas madres, compañeras, hermanas, pero si no tenemos esos espacios de desconexión de la casa y los pañales, más temprano que tarde la tormenta se posará en la familia… dile esta vez a la señora culpa que vaya de paseo por unas horas, olvídala, enciérrala en un cajón y haz la prueba, luego me cuentas, nos cuentas a todas y principalmente lo importante que es procurar ser una mujer/madre feliz y consciente de sus limitaciones y necesidades.

 

Como siempre… mucha luz para cada una de ustedes.

 

Tara

 

 

Acerca del autor

Mujer, madre, escritora y periodista. Enamorada de la vida y de un principito de rizos dorados. Amante de los libros, Valparaíso y el buen vino. Activista eterna por los derechos de las mujeres y los niños. No me gustan los extremismos, aceptar al otro como legítimo otro es mi lema de vida, ayudarnos a ser conscientes y relacionarnos con amor es mi misión. Autora del libro ¿Cómo construimos lo que somos? Memorias y olvidos de los italianos en Valparaíso. Expositora en Congresos y simposios sobre migraciones y reconstrucción de historias de vida/biografías. @jbruna jenny@mamadre.cl

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