Maternidad consciente, aprender a pedir perdón

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Este fin de semana me tocó vivir más o menos de cerca dos situaciones que me chocaron profundamente, que me dolieron, que me impactaron y que me hicieron comprender lo importante que es aprender a ser madres y padres conscientes, otro punto vital en el camino de la crianza que nadie nos dijo y que de seguro nadie nos dirá. Por un lado oí el diálogo de una madre y su hija de casi 3 años, conversación que me permito reproducir para que puedan ustedes experimentar lo que yo:

– Mamá: Pero ¿por qué te portas así, por qué lloras tanto, ves que la gente va a empezar a decir que la mamá es mala, eso quieres que digan?

– Niña: yo quiero estar con mi papá

– Mamá (gritando) No puedes, y no vas a salir de esta pieza hasta que lo entiendas y aprendas a portarte bien.- La madre cierra la puerta con la niña de casi 3 años adentro llorando, sale al comedor donde todos los adultos almorzaban y dice, se va a quedar ahí hasta que aprenda a comportarse y se le pase la tontera. Ningún adulto dice nada, todos aprueban, yo no pude decir nada, estaba haciendo dormir a mi hijo mientras esa niña lloraba en silencio en algún rincón de la habitación.

 

Sólo unos días antes me tocó ser testigo de como un padre de un adolescente perdía la calma ante un gesto provocativo y falto de interés de su hijo, la reacción no se hizo esperar, el padre le intenta aclarar que a los adultos no se le falta el respeto, que tiene que obedecer, el niño, porque es niño aún y está con millones de cambios hormonales, igual que nosotras cuando hemos parido recién, lanza fuego por los ojos y empuña la mano cargando en ella toda su impotencia y quizás cuántos dolores más… el desenlace lo imaginarán, una cachetada sonora y dolorosa, llantos, silencio, la madre intentando calmar los ánimos,explicando, abrazando, conteniendo, más llantos, silencio, más llantos, no hubo disculpas de ningún lado, quizás sí un sentimiento de culpa, un pequeño remordimiento… el padre se niega a pedir disculpas, “le estoy enseñando a ser un hombre de bien, a tener respeto por los demás”, ¿se puede enseñar respeto sin practicar con el ejemplo? ¿y el respeto por el niño?. En este caso estaba en una posición privilegiada, mi primera reacción fue como madre leona, tratar de defender al niño atacando al adulto, sin embargo, a medio camino retrocedí, porque también estoy criando, y entendí que ese padre, al igual que la madre de la pequeña de casi tres años, son niños jugando al rol de adultos, sin darse cuenta de lo que realmente hacen.

 

Alguien me decía en una conversación de media noche que la lección más importante que podemos heredar a nuestros hijos es que aprendan a mantener un diálogo interno, hablar consigo mismo, preguntarse, cuestionarse, poner luz en sus sombras, porque sólo de esa forma podríamos crecer como personas y ser una mejor versión de nosotros mismos. Pero cómo mantener ese diálogo si de niños nos enseñaron todo lo contrario, que nuestras opiniones por ser de niños no eran válidas, que nuestras temores o desconfianzas eran tonteras, que lo importante era competir por el primer lugar del curso, sacarse las mejores notas para ser alguien en la vida y después tener dinero para vivir como quieras sin apuros económicos.

 

Nadie nos dijo, nadie me dijo, escúchate, analízate, pon atención a tus sentimientos, a esa rabia que no sabes por qué se aloja en tu vientre cuando menos lo esperas, a esa angustia que te oprime el corazón con un pequeño comentario, a ese desgano que te inunda, a esa sensación de que siempre tengo que luchar con todos, o quizás a esas ganas de salir arrancando y decir por qué a mi. Escucharnos y poner atención es estar conscientes de lo que ocurre en nuestro mundo interno, ser amigos de nuestro angelito bueno y del no tan bueno, o el dañado, de la sombra…. Yo aún recuerdo que hasta los 10 años más o menos ese fluir era natural en mi, hasta que mis padres se separaron, desperté a otra realidad y fui sintiendo que no estaba dentro de mi, que algo no encajaba, que algo me faltaba, había un malestar que no sabía explicar… nunca más volvió, o al menos tardé muchos años en volver a conversar conmigo misma y poder conectarme con mi espiritualidad.

 

¿Por qué les digo todo esto? Porque si no fuera porque un año antes de quedar embarazada había iniciado un viaje de regreso a mi hogar de mujer con luces y sombras, no sé cómo estaría viviendo mi maternidad. ¡Criar no es fácil! Todos dicen guarda la calma, ten paciencia, es un niño, pero cuando está en plena revolución de los dos años y te hace una pataleta justo cuando tienes que salir apurada al doctor, las cosas cambian y lo primero que sale a relucir es esa parte no consciente, ese niño o niña que creció escuchando gritos, retos, y “eso no se hace” y así repetimos patrones sin darnos cuenta. A mi me ha pasado, hace poco le grité a mi hijo,más bien le levanté la voz, nunca lo había hecho, a penas terminé de gritar vi a mi madre gritándome de niña, vi a mi niño que se quedó callado mirándome, miré sus ojitos y me puse a llorar, perdóname le dije, esta es mi historia que salió en un momento de estrés. Él me abrazó, me hizo cariño en la cabeza me dio un beso y se puso a jugar conmigo, yo lloraba, él reía…

Volviendo a las situaciones de mi fin de semana, y sin ánimo de juzgar, ya que no me cabe duda que ambos padres aman a sus hijos y que hacen lo mejor que pueden con las herramientas que tienen, no puede dejar de llamarme la atención el que ninguno de los dos creyera haber cometido un error, pero cómo me preguntaba, si ellos son los adultos, cualquiera se da cuenta, y claro, ahí está el punto, cualquiera, menos uno, porque nadie nos enseñó, y de seguro nunca lo vivimos, que los papás también se equivocaban, que ellos también pedían disculpas, que ellos también podían abrazar a su hijo y decirle tú tenías razón… porque no somos conscientes de nosotros mismos, porque entramos a este camino de la maternidad y paternidad sin saber nada de nosotros mismos, pero creyendo saber mucho de cómo se debe criar, porque para eso hay libros y opiniones para dar y regalar.

 

¿A qué quiero llegar? A lo importante que es ser consciente de nuestros actos pero más que nada de nuestros sentimientos y emociones cuando somos madres y padres, los bebés y niños llegan a quebrar esquemas, a desafiar nuestros límites con su inocencia y curiosidad, llegan, en definitiva a enfrentarnos con esos niños y niñas heridos que todos somos de una u otra forma, y de pronto, nos vemos repitiendo las palabras que dijo mamá, los golpes que tanto odiamos de papá, o los gritos que tanto juramos no hacer, pero criar no es fácil, no hay manual, nadie nos dijo nada. Es verdad, nadie nos dice nada, o más bien, nadie nos dice lo que es realmente importante, nadie nos ha dicho que lo más importante para ser madres y padres es aprender a escucharnos a nosotros mismos, a cuestionar cada idea preconcebida, a explorar nuestros sentimientos, sobre todo esas reacciones autómatas, hacernos conscientes de nuestros sueños, de nuestros miedos, de las expectativas propias que ponemos en nuestros hijos, de nuestros traumas, de nuestra falta de amor, de nuestras infancias felices o dolorosas, de nuestra necesidad de madre o padre presente, nadie nos dijo que amar incondicionalmente a nuestros hijos e hijas parte por amarnos a nosotros con toda nuestra historia y nuestro pasado, que no hay una sola forma de criar, pero que debemos partir por cambiar la forma de vivir la maternidad y paternidad, no tratando de ser perfectos, pero sí siendo madres y padres conscientes.

 

Abrazo a mi hijo conmovida al ver que esa niña de casi tres años no juega, se queda sentada en silencio mirando a los adultos, y rechaza las invitaciones a jugar que mi hijo le hace en reiteradas ocasiones con un “no me molestes”, lo abrazo y doy gracias a la vida por tener un pequeño, y digo pequeño, porque estoy lejos de ser una madre que no decaiga ni colapse, grado de conciencia para al menos darme cuenta cuando me equivoco, cuando es mi pasado el que habla, cuando es mi falta de cariño la que quiere brotar, o cuando mi rabia contenida tras una discusión con Pedro, quiere salir para explotar en el más débil y a la vez el más sabio de la casa… Vuelvo al momento después de gritarle a mi hijo, el ríe, y me pregunto, por qué ríe y me abraza si le grité, me abraza y ríe porque entendí, porque pedí disculpas, porque vi mi sombra, porque me tiré al suelo a jugar con él y me olvidé de salir apurada…

 

Hay cosas que no podremos controlar ni evitar en la maternidad y paternidad, pero sí podemos aprender, escucharnos, y sobre todo ser conscientes, creo amigas, amigos, padres y madres que es lo único que podemos hacer, pero lo más importante, por nosotros y para nuestros hijos, si te dan ganas de pegarle, respira, cuenta hasta 100, y pregúntate, ¿qué me provoca estas ganas de pegarle, es él, soy yo, está bien? Todos vamos a cometer errores, pero lo lindo es saber pedir disculpas, tratemos de criar niños y niñas felices, siendo nosotros también felices y conscientes… es una gran tarea, pero tenemos todas nosotras y ustedes queridos padres, a los mejores maestros a nuestro lado, esos locos bajitos que rayan paredes y rompen teclados.

 

Como siempre mucha luz para cada uno de ustedes! A criar conscientes, a amar, a saber pedir disculpas.

 

Tara

 

Acerca del autor

Mujer, madre, escritora y periodista.
Enamorada de la vida y de un principito de rizos dorados. Amante de los libros, Valparaíso y el buen vino. Activista eterna por los derechos de las mujeres y los niños.
No me gustan los extremismos, aceptar al otro como legítimo otro es mi lema de vida, ayudarnos a ser conscientes y relacionarnos con amor es mi misión.
Autora del libro ¿Cómo construimos lo que somos? Memorias y olvidos de los italianos en Valparaíso.
Expositora en Congresos y simposios sobre migraciones y reconstrucción de historias de vida/biografías.
@jbruna
jenny@mamadre.cl

5 comentarios

  1. muchas gracias, me ayudas mucho pues como madre estoy pasando por esa encrucijada que relatas, y veo que sera una batalla de largo aliento, pero que quiero y creo que puedo ganar. Mucho amor y felicidad para tu vida.

  2. Gabriela Pérez el

    Desde que nació mi hija aparecieron mis sombras, me di cuenta, he sufrido y trabajado con ellas, no quiero ser una madre perfecta, sólo quiero a mi hija feliz, segura de sí misma, sin los temores que me acompañan y quiero dejar atras que son producto de una crianza “convencional” agresiva que disminye y anula a los niños, quiero con esto trabajar por ella desde mi interior y que el día de mañana si llega a ser madre no deba luchar con tantas cosas internas como yo y muchos de nosotros, quiero a mi hija feliz, libre amada, primero por ella misma y luego por el mundo que la rodea. uuuf este articulo me llego al hueso a mis lágrimas, aún falta por sanar, pero son ellos quienes vienen a enseñarnos la simpleza de la vida y a aprender nuevamente a vivir.

  3. Que emotivo mamita, agradecida de leer tan sinceras palabras, son un aliento para mi, mi hija tiene 7 meses y lo que mas he hecho a la fecha es observarme, no deseo ser perfecta, quiero a un ser humano capaz de resolver conflictos y aceptar errores y evitar que se repitan patrones llenos de sombras. Gracias de corazón

  4. Me hiciste llorar.. tengo un bebe de 2 meses y me da panico pensar que puedo cometer los mismos errores que mis padres cometieron conmigo..
    gracias por abrirnos los ojos..

  5. Tara, hoy en la mañana pasé por lo mismo. Estoy comenzando a tener esos días difíciles en que mi niño no quiere vestirse, bañarse ni cambiarse el pañal. Sentí que había perdido la paciencia, pero supe tomarme esos segundos para respirar y recordar que no es culpa de él, soy yo la que ando apurada, soy yo la que no respeto sus tiempos y espacios de juego, de juego con mamá. Gracias por estas palabras.

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