10 tips para conciliar trabajo y maternidad no morir en el intento

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Tal como hemos comentado en artículos anteriores, la tarea de conciliar la vida laboral con las otras dimensiones de nuestro ser es un reto para toda mujer, más aún en etapa de crianza temprana.

¿Cómo podemos hacer una mejor elección a la hora de conciliar nuestro trabajo y la tarea de crianza? Acá algunos tips para que puedas sobrevivir a la vorágine de ser madre y trabajadora:

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1.- Tomarnos tiempo para una reflexión consciente y pausada. Idealmente ir pensando desde el embarazo cuáles son las opciones que permitirá el escenario familiar una vez que nazca el bebé, considerando factores económicos, de salud, de red de apoyo, de logística. Tiende a ocurrir que al ser un tema incómodo y complejo muchas veces se posterga como preocupación y cuando nuestro hijo está por cumplir los 5,5 meses (periodo de tiempo que corresponde en Chile al permiso post-natal) sobreviene una avalancha de temores y aprehensiones que en medio de la angustia de la inminente vuelta al trabajo es difícil resolver.

2.- Re-establecer prioridades, idealmente en conjunto con nuestra pareja. Qué es en este momento lo más importante y posible para nosotros como familia y cuál es el nuevo orden de necesidades que deseamos cubrir. Lo más probable es que esto se dé espontánea y automáticamente en muchos temas, pero en otros habrá que definirlo explícitamente, acordarlo y trabajar en sostenerlo. Tanto el tiempo de cada padre, como la energía de ambos es finita, por lo que habrá que re-jerarquizar en qué invertimos nuestros esfuerzos.

3.- Mantener una actitud de flexibilidad, para poder ir ajustando expectativas según el escenario que se vaya presentando. Cultivar la capacidad de transar, negociar o ceder es crucial sobretodo en una etapa tan dinámica como esta, en que muchas veces las respuestas son impredecibles y variables a través del tiempo, incluso de un día para otro.

4.- Practicar la tolerancia a ciertas renuncias. Esto implica asumir los costos de las decisiones que hagamos, aunque duelan en algún lugar. Es fundamental renunciar de manera libre y decidida, y ojalá no de manera abnegada e impuesta. Más allá de que no estemos de acuerdo con todas las consecuencias de estas decisiones es importante que sintamos que estamos eligiendo a algún nivel.

5.- Mirar en perspectiva. Cuando estamos metidas de lleno en periodos de alta exigencia, principalmente las múltiples, permanentes y casi siempre urgentes demandas de los hijos en la etapa de crianza temprana, puede parecer que el agobio de mantenernos alertas y disponibles va a ser para siempre y que estos requerimientos nunca bajarán o que nunca volveremos a funcionar como antes. Es bueno recordar que todo es temporal y la decisión que tomemos hoy puede cambiarse en un mediano o largo plazo. Quizá una opción que es buena para mi hijo de 8 meses no necesariamente la sea cuando ya tenga un año y medio, quizá yo también necesite otras cosas en unos meses más. Paciencia y a vivir el presente!

6.- Asumir la imperfección y liberarse de culpas. Soltar la exigencia y la ilusión de querer hacerlo perfecto, ya que la excelencia total no es real ni posible ni tampoco deseable la verdad. Aceptar las propias deficiencias y desaciertos puede ser liberador. No hay manera perfecta de conciliar nuestra maternidad con el trabajo, no hay recetas universales y parte del proceso consiste en ir chequéandose y aprendiendo a través del ensayo y error.

7.- No compararse con otras mujeres ni familias. Cada una es diferente en sus ciclos, en sus ritmos, en sus dinámicas. No hay familia igual a otra. Podemos compartir experiencias, dejarnos aconsejar, tener ciertos referentes, pero cada mujer encontrará su modo particular y único de funcionar. En este mismo sentido es importante estar atentas a nosotras mismas cuando nos notemos especialmente críticas con otros estilos de crianza o nos veamos enjuiciando a otras madres por el modo en que reparten sus tiempos o por como llevan a cabo su vivencia de maternidad, muchas veces con esto podemos estar proyectando en las demás nuestras propias culpas o inseguridades no resueltas. Asimismo situaciones que nos generen cierta envidia debiesen hacernos repensar si estamos satisfechas con nuestras elecciones, con sus ventajas y desventajas.

8.- Pedir ayuda. Nadie puede ir al trabajo por nosotras ni reemplazarnos totalmente en el cuidado de nuestros hijos, sin embargo hay obligaciones que podemos delegar si contamos con una buena red de apoyo. Las obligaciones laborales y maternales se harán mucho más agobiantes si además debemos cumplir con todas las exigencias de mantener la casa, el orden, limpieza, las comidas, etc. Contar con alguna asistencia para este tipo de tareas nos puede significar un tremendo alivio que puede descomprimirnos y permitirnos compatibilizar de mejor manera nuestros roles.

9.- Asumir que el logro del equilibrio es un proceso dinámico. No se logra de un día para otro, sino que es un balance que se va trabajando y consolidando en la medida que tanto nuestro hijo y nosotras mismas vamos madurando. Es fundamental ir aceptando el cambio en nosotras, para bien o no, nunca volveremos a ser exactamente las mismas de antes.

10.-Mantenernos conectadas con nuestra niña interna, con nuestros deseos más nucleares, con nuestra esencia, asimismo atentas a lo que nuestro cuerpo nos comunica en relación a nuestro cuidado y necesidades.

Creo que en gran parte conciliar implica aprender a hacer elecciones más conscientes, hacer ciertos duelos y SOLTAAAAAAAAR…..o sea….madurar! Menuda tarea que nos regalan nuestros hijos…

 

Acerca del autor

Dra. Soledad Ramírez G. Mujer en crecimiento-Mamá de dos niñas. Psiquiatra-Psicoterapeuta-Círculos de Maternidad (Maternidad Antuyoga) Atención de adultos. Dedicación a mujeres en etapa de gestación, puerperio y crianza. www.centrosermujer.cl soledadramirezg@gmail.com

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